[Review] Arch Enemy + Kreator + Helloween: Travesuras a destajo

La noche del miércoles pasado, como buen Jalowin, elegimos travesuras en vez de dulces, y en vez de disfrazarnos de Harley Quinn y el Guasón, nos pusimos el uniforme negro y partimos al Movistar Arena a chasconearnos a destajo, ya que Arch Enemy, Kreator y Helloween, tres tremendas bandas que afilan tridentes y destrozan cuellos, tenían amplificadores listos para sonar a todo porcino y revolcar calabazas. Y ya que sobrevivimos con honores, acá les contamos que pasó esa noche de terror y muertos vivientes.

Arch Enemy

En medio de una noche cargada al metal alemán, los suecos de Arch Enemy se presentaban como los extranjeros de la velada, pero eso no impidió que en casi una hora y doce canciones se echaran al público al bolsillo. Todo partió con The World is Yours, de su último álbum Will to Power, el primero con Jeff Loomis en guitarra, seguida por la potente y rápida Ravenous. Si bien debieron sortear unos problemas de sonido (al igual que ocurrió con las restantes dos bandas), eso no fue impedimento para que la banda de Michael Amott siguiera demostrando su calidad, de la mano de War Eternal perteneciente al mismo álbum en el cual debutase Alissa White-Gluz como frontwoman de los suecos.

My Apocalypse, The Race y You Will Know My Name demostraban que el escenario de su sexta visita a nuesto país no les quedaba grande, con un increíble trabajo por parte de Amott y Loomis en la última canción, con un Daniel Erlandsson que parece un monstruo de la batería. Tal vez el único punto bajo que podría nombrar, sería el que a ratos el bajo de Sharlee D’Agelo no se escuchaba mucho, pero no por eso no destacó en su actuación.

Otra canción perteneciente a su muy buen último álbum se hacía presente con The Eagle Flies Alone, y Alissa y compañía parecían multiplicarse sobre el escenario, apareciendo en todas partes. De esa manera llegaba First Day in Hell seguida de Saturnine, la que otorgaba unos segundos de calma para la aparición de As the Pages Burn, en donde la dama del cabello multicolor saltaba para quedar más cerca de los fans. Y como si el tiempo volara, We Will Rise nos decía que el set de los suecos llegaba a su fin, no sin antes arrojar ese clásico que es Nemesis. Arch Enemy había cumplido con su labor, ahora había que ver qué tenía por ofrecer el tándem alemán que aún faltaba por salir.

Kreator

Poco más de una semana había pasado desde que Accept se encargó de allanar el camino para la avanzada del ejército alemán que se dejaría caer en Santiago, y lo hecho durante la noche de Halloween por la armada de Kreator fue simplemente una masacre, ya que los comandados por Mille Petrozza se preocuparon de no dejar a nadie con vida.

En cuanto sonaron los primeros acordes de Mars Mantra todos los asistentes ya sabíamos lo que vendría, Phantom Antichrist comenzaba lo que sería una batalla campal en la cancha del Movistar Arena, a la cual seguiría Hail to the Hordes, la primera de las canciones de ese excelente último álbum lanzado a comienzos del año pasado. Y en lo que parecía un pequeño break, Mille Petrozza le decía a los presentes que para ellos, para Kreator, era un placer volver a nuestro país, ya que Chile era su casa, y como dueño de casa autorizó a todos quienes estaban en cancha a realizar el mosh más grande que se haya visto en nuestras tierras, a lo cual muy obedientemente hicieron caso cuando Army of Storms desató el caos.

La batalla continuó con Enemy of God, Satan is Real y Civilization Collapse, y si el calor que se sentía en cancha producto de los innumerables mosh que se armaban en diferentes partes de las misma no fuese suficiente, las llamas provenientes desde el escenario hacían que el infierno que se había desatado tomara aún más forma. En ese momento, en medio de la penumbra y el humo, aparecía nuevamente Petrozza ondeando una bandera de la banda, dando luces de lo que se venía y pidiendo al público que presentara la canción al estilo chileno, dejando la vida en cada palabra, en cada grito, como si nuestras vidas dependieran de no fallarle al líder de la banda, y así es como llegaba Flag of Hate, la que sería seguida por Phobia.

La banda completada por Sami Yli-Sirniö en guitarra, Christian “Speesy” Giesler en bajo y Jürgen Reil, el inmortal “Ventor” en batería, se encargaron de sonar brutales en cada nota de God of Violence, Fallen Brother (dedicada a los difuntos miembros de Pantera y Motörhead) y Hordes of Chaos, dejando a los pocos valientes que aún quedaban en pie, exhaustos de tanto mosh.

The Patriarch daba un breve descanso, pero demasiado breve porque Violence Revolution cayó para aplastar el espíritu de aquellos rebeldes que tenían pensado dejar de saltar y corear con los embajadores del thrash teutón. Y si más de una hora de batalla no hubiese sido poco, Pleasure to Kill se encargó de regar por el piso los cuerpos de los cansados gladiadores que habían dejado la vida en batalla, mientras Kreator se despedía al son de Apocalypticon, quedaba claro que los liderados por Petrozza aquí juegan de locales, con una historia que empezó hace más de 26 años, donde saben a la perfección como llegar y conquistar este lugar.

Helloween

Hace poco menos de un año Helloween nos maravillaba por partida doble con dos jornadas épicas, y la de la noche de Halloween fue ligeramente más breve pero no por eso menos épica. Con los primeros acordes de Halloween, que caía como anillo al dedo para esta velada, caía el telón y salían a escena los músicos al mando del dúo Deris/Kiske, quienes debieron lidiar con unos leves problemas de audio en cuanto al sonido de sus respectivos micrófonos, por lo cual se les vio un tanto incomodos al comienzo, pero con la llegada de Dr. Stein ya todo se iba solucionando y la fiesta de las calabazas podía continuar.

I’m Alive dejaba en claro algo que ya todos sabemos, que Michael Kiske es un prodigio. El registro del calvo vocalista pareciera estar intacto después de más de 20 años de haber grabado estas canciones. Are You Metal? y Perfect Gentleman demostraban que Andi Deris es un frontman con mucho recorrido, tanto en su puesta en escena como en su interacción con el público, y eso se agradece, más aún cuando se toma el tiempo de aprender algunos chilenismos y en un impecable español.

Si con Kreator hubo mosh descomunales, cuando Kai Hansen se hizo cargo de las voces, demostró que las calabazas también pueden generar los suyos propios, de la mano de esa triada de clásicos que son Starlight/Ride the Sky/Judas y luego con Heavy Metal (Is the Law), donde el baile tribal no se hizo esperar.

La balada de la noche, A Tale Wasn’t Right, dio paso a esa canción que marcó está reunión histórica de Helloween, Pumpkins United, seguida por el momento emotivo en el cual Dani Löble rendía tributo al difunto Ingo Schwichtenberg, con un impecable solo de batería. Luego volvía Kiske a escena para despacharse Livin’ Ain’t No Crime, A Little Time y “March of Time, repartiendo calidad a destajo.

Luego volvía a ser el turno de Andi Deris, probablemente quien más interactuó con la audiencia, aprovechando su dominio del idioma, y sus clásicos Sole Sorvivor y Power dejaban a los asistentes con un hilo de voz de tanto cantar al momento en que llegaba otro clásico, pero uno mucho más antiguo como How Many Tears. Aquí cabe destacar el impecable trabajo que hacen los hombres a cargo de las voces, con una complicidad que pareciera tener años, cuando bien sabemos que con suerte llevan más de un año tocado juntos.

Luego del primer corte, uno bastante largo, comenzaba a sonar Invitation, la que daba paso a esa canción que es imposible no corear sin importar en donde uno esté, Eagle Fly Free. Keeper of the Seven Keys nos entregaba la última tonada épica de la noche, en donde Hansen junto a Michael Weikath, Markus Grosskopf y Sascha Gerstner se repartieron a la perfección el protagonismo, siendo este último el encargado de presentar a la banda y despedir este breve segmento, siempre con la promesa de las últimas joyas que faltaban por aparecer.

Así fue como luego de otro corte bastante extenso, Kai Hansen volvía a aparecer para, con un breve solo, dar la bienvenida a Future World, otra inmortal de la era de los Keppers, todo para cerrar la fiesta en grande con I Want Out, y las calabazas gigantes volando por todo el recinto, generando una fiesta de Halloween que no necesitó de disfraces ni de dulces. Una celebración que acogió a personas de distintos países, lo que se podía ver en la variedad de banderas presentes tanto en cancha como en platea, una fiesta que solo necesitó de tres bandas y la presencia de los fans del metal, para hacer de esta una noche inolvidable, tan así que hasta fue registrada para la posteridad.

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