[Review] Ghost – Prequelle

A propósito de las siete semanas que “Rats” lleva al tope del chart del Billboard, no está de más que recordemos lo que ha sido el cuarto álbum de estudio de los suecos de Ghost, que controversias más controversias menos, transcurridos 8 años desde que lanzaron su disco debut, han demostrado que lo suyo va mucho más allá de la teatralidad y el misterio, musicalmente son increíbles. La  verdad es que pareciera que todo lo que hacen está meticulosamente calculado, desde sus discos a sus EPs, y sus presentaciones en vivo, todo pareciera estar en constante evolución.

Abriendo los fuegos con “Ashes”, esa intro que pareciera posicionarnos en alguna película de terror de los 80’s, se da paso al gran batacazo del álbum, “Rats”, que con un videoclip que ya se envidiaría Lady Gaga, vemos toda la apuesta de los enmascarados, una canción pegajosa, que no sé si anime a que uno imite la coreografía, pero definitivamente si se transforma en una obligación de cantar sin importar en donde estés, en la micro, el metro, la calle o en alguna reunión social. Ghost supo elegir a la perfección la carta de presentación de Prequelle y esparció cual contagiosa enfermedad, una de la cual no es necesaria cura alguna.

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Con “Faith” la cosa se pone un poco más potente, una base que llama al cabeceo, con buenas guitarras a lo largo de toda la extensión de la misma, pareciera darle el palo al gato al jugar con el concepto de fe, “…I’m watching you fall! /Because faith is mine!”, acá hay unos cuantos que fácil podrían ser protagonistas de un quinto álbum de Ghost. Pero toda esa oscuridad pareciera cambiar con la llegada de “See the Light”, calmando las cosas un poco con un comienzo digno de una catedral del  Vaticano, pero que esconde un secreto oscuro (como una catedral del Vaticano también), porque aquí podemos pasar de la calma a la tormenta de una estrofa a otra, un juego que matizado con la capacidad musical de la banda, pareciera lo más natural del mundo.

Si los comandados por Papa Emeritus I, quiero decir II, o sea III, perdón Zero, me corrijo, si los ahora comandados por Cardinal Copia lograron entregar un instrumental increíble en su debut, de la mano de “Genesis”, aquí “Miasma” logra sorprender de igual forma, más aún con el aporte en el saxofón de Gavin Fitzjohn, labor que en vivo a logrado realizar de gran manera el Papa Emeritus Zero, hay que reconocerlo. Y así como “Genesis” se encargó de dar cierre a lo que fue el Opus Eponymous, “Miasma” cierra por todo lo alto la primera mitad de Prequelle, aplauso cerrado y ovación de pie para ellos.

Abriendo la segunda mitad del disco se deja caer el otro hitazo del albúm, “Dance Macabre”, canción que lanzaron por las historias de Instagram y que contó con la participación de diversos famosillos del ambiente musical, de las MMA y de la lucha libre, si aquí es cuando insisto en que todo lo tienen calculado con una precisión absoluta, y no sólo desde ahora, sino que desde su primer álbum, cada disco ha sido distinto del anterior en cierto modo, y así es como Tobias Forge, el genio detrás de la máscara, lo había planeado.

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“Pre Memoria” nos vuelve a traer de vuelta a tierra, tanto así que nos recuerda que la muerte está presente, que nos espera, que no la olvidemos porque ella no nos ha olvidado. Con un coro que marca la pauta de los poco más de 5 y medio minutos de duración, la sensación de estar en una iglesia gigante y vacía, es imposible de ignorar.

Con una tonada ganchera, “Witch Image” es otra de las canciones coreables del álbum, con una mezcla de Rock sinfónico con el cual ya se hace difícil encasillar a los suecos con un estilo determinado, Hard Rock es como los catalogan actualmente en los portales alrededor del mundo, pero más allá de si es Heavy Metal o Hard Rock, lo que importa es que son buenos, y puta que son buenos.

“Helvetesfönster” es la segunda gran instrumental del  álbum, y hace el vieja desde la más duro a unos acordes que recuerda un poco a las tonadas celtas, es casi como ver las partes sin sangre de Corazón Valiente. Otro giro de los que a estas alturas nos tienen tan acostumbrados los misteriosos europeos, o Forge y su pandilla. “Life Eternal” es otra muestra de esto, una canción sumamente más clamada para dar cierre al álbum, con esos finales épicos, con coros interminables que se van difuminando a medida que la música va quedando de lado y a nosotros no nos queda más que pensar cómo sería escuchar en vivo, en un show propio de ellos, no en un festival o como teloneros de otra banda, la idea es poder verlos en su máximo esplendor y ser testigos de la experiencia casi religiosa que es ver al Cardinal Copia dirigiendo un ritual del cual todos queremos ser parte.

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Con el tiempo Ghost se transformó en algo así como el Viejo Pascuero, todos estábamos hipnotizados por el misterio de su presencia, alguien que simplemente aparecía cuando era su momento, pero que después con el tiempo nos dimos cuenta de que en realidad era uno de tus viejos o el tío bueno para la parrilla al que se calzaron y lo hicieron vestirse de rojo, pero no nos importó, porque cuando chicos seguíamos disfrutando Navidad, con Ghost es lo mismo, puede que este álbum nos haya traído la confirmación de la identidad de quien comandaba el barco, pero eso no nos importa, porque eso no es motivo para que dejemos de celebrar y disfrutar con cada una de sus nuevas entregas.

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