[Review] Afterglow – Breathless

Hay miles de formas de hacer música. Y después de haber escuchado un montón de discos, tantos como chelas corren en un asado, sigo creyendo que la forma más bacán de hacerlos es la que tiene tripa, la que se siente hecha desde la guata, la más honesta, y por la cresta que se agradece sentirla así, porque a la larga te termina enganchando bien, de alguna manera u otra.

Breathless si tiene algo que chorrea con cuática es eso. Suena con esa urgencia de tener más de una canción atravesada en la guata, y tener que sacarlas, vomitarlas, que vean la luz y sean escuchadas por la manga de insanos everywhere. Si es un disco que cambiará el mundo o será un referente para el resto de nuestras vidas, ya es otra hueá. Y no voy a contar ahora el final de este comentario, estimados chasconas y chascones (jajaja).

Si quieren cachar por donde va la mano de Afterglow, tiene cosas que recuerdan al Dickinson solista, algo del sonido grunge o el rock gringo de los 90, el heavy más clásico o hasta el power metal. ¿Importa eso? Nada. Es solo para dar una idea, porque aunque no es nada inventado o que hayan creado la nueva pólvora, suenan como Afterglow, con melodías, letras y sonidos propios, con harta guata y que los identifican altiro como música de ellos. O sea, son sus tripas, sus vivencias, sus victorias y derrotas. Y esas son cosas que no se pueden mentir.

En 42 minutos y 10 canciones nos venden su propuesta, y debo reconocer que se las compré. Casi la mitad del album (4 temas) son composiciones más lentas, que podrían hacer que suene pajero, llorón o medio depre, pero salen jugando bien. Porque el orden y la seleccion de las canciones queda balanceada. Es como el acto de respirar, se inhala y se exhala, se inhala y se llega a la exhalación última, y funka bien. Todo tiene un inicio y un final, como la vida misma.

Es un disco para escuchar en cualquier minuto y lugar, de la forma que se les antoje, a todo volumen o suavecito en el hogar a medialuz, pero creo que con audífonos es como se siente mejor, funciona a toda raja. Se respira el sentimiento y lo que pasaron al componer las canciones. Son procesos personales, y que para sacarlos de adentro se necesita valor y ganas, y ahí cumplen con creces. Es un inspirar y espirar desde el corazón, con la vivencia a flor de piel. Esa que te acelera, que después te hace parar y decantar, para retomar fuerza y volver a gritar hasta el suspiro final, que marca el cierre del disco.

Tiene ritmos y coros que se te quedan anclados en la oreja, y eso nunca es malo. Tiene gancho, dependiendo del minuto o estado de ánimo que uno esté pasando. Por acá quedamos pegados con tres coros y un par de melodías, de esas que te hacen tocar batería en el aire sin darte cuenta, y con ganas de cantar a cogote suelto. El tránsito entre potencia y reposo es lo que más nos atrapa del disco, y eso genera empatía, porque suena como el ritmo de la vida misma, con alegrías y penas, altos y bajos, dándole hasta un toque de humanidad al álbum, haciendo que se digiera más rápido, asimilándolo más fácil y creando complicidad con lo que se escucha.

La potencia de Monster se arranca con los tarros, ya que te deja listo para salir corriendo y arrancando a mil de este mundo cuando haya que salvarse de la invasión zombie, sin que ningún obstáculo por delante lo impida. Es bencina para motores y de la bacán. Energizante y poderosa, junto con Can we do better y el single Breaking The Silence, son un tremendo combo de esos que te botan dientes. Under your skin tiene esa cosa de la épica del renacer, el comenzar a levantar vuelo y Lost innocence está más cercano al rock más tradicional, mientras Dreamcatcher y Maybe son viajes por sentimientos y sensaciones, apelando a la calma previa a la tormenta. La intro de bajo de I don’t really mind le da un toque repiola a un tema que es el último aire antes del respiro final. El cierre, a cargo de Shelter, te deja con la guardia baja, después de darlo todo entregándote a la escucha de un muy buen disco.

No sé si en cuarenta y ocho años más estaremos hablando del disco que redefinió el rock en Chile, si las escuelas de rock tendrán a Breathless como material de cabecera para estudiar, o si será uno más de los tantos buenos discos que se lanzan en nuestro país cada año. Pero si puedo decir que es un disco que es agradable de escuchar, que no aburre después de darle como caja por varias semanas, que se siente honesto y hasta dan ganas de cantarlo o sacar las canciones en (inserte su instrumento musical favorito aquí). Está hecho desde las tripas, y eso lo hace sincero, genera harta empatía y engancha bien, sin mayores pretensiones que acompañar esos momentos en que ponemos play y nos evadimos del mundo escuchando música, pasándolo bacán. Y eso, por simple que parezca, es un tremendo logro. Gran disco debut de Afterglow.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s