Historias de Vinyl: Anécdotas de bar

Febrero es un mes bastante especial, no por el Festival de Viña, sino que por diversos motivos, y uno de esos es que a mediados de febrero del año pasado se me extendió la invitación para formar parte de Blast! y es por ello que ahora le robo minutos de su tiempo mientras lee estas palabras. Y qué mejor forma de celebrar ese hecho que con unas buenas cervezas en un bar, además como leí una vez en un cartel: Ninguna buena historia comienza con “el otro día comiendo una ensalada…”.

Como de costumbre, luego de unirme a Blast!, llamé a mi compadre y quedamos de ir a un bar a tomarnos unas cervezas, el bar escogido fue el de una conocida cerveza artesanal nacional (no diré cuál es porque no nos auspicia… ¿por ahora?) que entre sus características tiene que la terraza, y con eso me refiero a las mesas que tienen en la calle, cuentan con la particularidad de que al ser grandes, se puede terminar compartiendo el lugar con cualquier parroquiano que asista al local (tal vez más de alguien ya cachó de cuál bar hablo). Así que, eventualmente, alguien llegaría a sentarse junto a nosotros, porque, para variar, habíamos llegado bastante temprano a matar el calor.

Mientras leíamos la oferta de cervezas que se incluían en la carta, mi compadre hizo esa pregunta clave que, para que lo sepa usted estimada o estimado lector, hay que hacer siempre en este tipo de bares: “¿Cuáles son las cervezas experimentales o las invitadas de la casa?”, esa es la pregunta ganadora. Así que, obviamente, terminamos tomando aquellas cervezas que no aparecían en la carta, y créanme que fue una excelente decisión.

Al rato después, mientras aún estábamos en el primer o segundo shop, llegó una familia (papá, mamá, hija y yerno) y se sentó al lado de nosotros, y cachamos al tiro que no eran chilenos, básicamente porque estaban hablando en inglés cuando los atendió el mozo. Ahí mientras ellos veían la carta y trataban de cachar qué cresta pedir, nosotros en ese clásico ejemplo de la buena disposición del chileno en lo que a cultura cervecera respecta, les preguntamos si querían que les diéramos alguna referencia de lo que estaban leyendo, a lo que además agregamos la pregunta clave de las cervezas que no aparecían en la carta, entonces mientras les recomendábamos y explicábamos todo, llegó el mozo y nos dijo “veo que ya hicieron la pega por mí, casi como embajadores del bar” (eso nos valió como recompensa unos cortitos para degustación de las cervezas de la barra).

Una vez que llegaron sus cervezas, lo primero que hicieron fue agradecernos ya que sus cervezas estaban muy “tasty”, entonces como gesto de agradecimiento nos regalaron unos chocolates que les habían dado en el hotel en que se hospedaban, y así como quien no quiere la cosa, terminamos conversando. Venían de Canadá (ahí está la explicación del vinilo de hoy) y estaban recorriendo Chile, ya habían pasado por el norte y después de Santiago emprenderían rumbo al sur hasta la carretera austral. Hablamos de política y sus incompetentes representantes, de la vida, de a qué se dedicaban tanto ellos como nosotros, y nos dimos cuenta que, más allá de la abismal diferencia en cuanto a calidad de vida, Canadá y Chile no eran tan distintos… en algunos aspectos.

Aquí es donde uno se da cuenta que igual es bueno hablar inglés, porque te da la chance de tener anécdotas como ésta, además ellos hablaban “just a little” de español, lo que nos dio paso a enseñarnos garabatos típicos tanto de Chile como de Canadá, era de esperarse. Pero una de las cosas bacanes que pasaron, fue que entre tema y tema terminamos conversando de música, y éramos todos rockeros, así que eso terminó en la recomendación de bandas tanto chilenas como canadienses, para que cuando tuviésemos la oportunidad las escucháramos, de hecho aún tengo la lista de bandas que nos escribieron. Y fue así como Blast, sin quererlo, fue gestor de una anécdota que difícilmente olvidaré. Además, sin tener la intención de hacerlo, les terminamos pechando comida, ya que en un momento pidieron una tabla de estas que traen hartas hueas, y como ya éramos parte del grupo, nos ofrecieron sin que les pidiéramos o les miráramos con cara de que estábamos cagados de hambre.

Obviamente Annihilator fue una de las bandas que salieron al baile en nuestra conversación, y la gracia de este álbum es que aquí canta Joe Comeau, que de todos los integrantes que han pasado por la banda de Jeff Waters, es uno de los que más rescato, porque su voz le dio un toque la raja a la banda, es cosa de que escuchen el “Double Live Annihilation” y se den cuenta de ello.

Y básicamente así es como la cerveza y el rock se encargan de unir a la gente proveniente de distintos países, aprendan políticos de mierda. Y asumo que más de alguno de ustedes tendrá una historia similar, porque los bares están hechos para eso, para regalarnos momentos inolvidables… siempre y cuando no terminemos raja de curados, obvio.

 

by Basa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s