[Review] Pearl Jam en Chile: sideshow Lollapalooza 2018

Pearl Jam es una de las bandas más queridas y multitudinarias en nuestro país. De esas que provocan devoción, con gente que los sigue y enlaza partes importantes de su vida con sus canciones. Y también hay muchos que no le encuentran nada del otro mundo. Que son planos, sin sangre, cero virtuosismo o alguna oferta musical novedosa. En pocas palabras, una banda común y corriente. Pues bien, para sorpresa de muchos, voy a defender el argumento de quienes no pescan a la banda de Seattle. Pero no para criticar a Vedder y sus amigos, sino porque quizás en eso mismo está su mayor crédito. Crean desde lo cotidiano y común, con quizás menos que muchas bandas en el planeta, un argumento potente con el cual miles y millones en el mundo se identifican, y generan una comunión gigante y especial, que es bidireccional entre la banda y sus fanáticos. Y cada concierto de Pearl Jam, es una experiencia única y demasiado potente.

Macizo, intenso y cómplice. Así tan simple, pero así de hardcore. En poco más de 3 horas y casi 30 canciones, presenciamos la noche del martes 13 (quizás) uno de los mejores conciertos de los últimos años en nuestro país. Un Movistar Arena completamente lleno, incluso en las ubicaciones tras el escenario, que sólo presentaba lo necesario en cuanto a luces y estructuras para permitir la visión desde cualquier punto de las graderías. Una escenografía que asimilaba un living, como para apoyar la idea de estar todos reunidos casi como junta de amigotes, en que un par agarra las guitarras y nos ponemos a cantar y juguetear, abrimos un bebestible (Vedder mantuvo su noble tradición de tener botellas de vino chileno para su consumo, e incluso para compartirlo con los asistentes) y la pasamos la raja.

Nuestros invitados gringos se las traían. El de este martes es el comienzo de sus shows en 2018, así que le pusieron con todo. Vedder como maestro de ceremonias y con su español “bien como la mierda” (en palabras suyas), era el nexo perfecto entre público y artistas. Pedía cuidado con los más apretados en la cancha, tiró panderos a destajo, recordó emotivamente a Chris Cornell cuando presentó “Come Back“, prometió hacerse “piscolero” e invitar 10 mil “piscolitas” a los presentes (de puro buena onda y prendido) y aprovechó de presentar “Can’t Deny Me“, single estrenado esta misma semana y que hacía su debut mundial en vivo. Y sí, en Chile. Un guiño a lo que viene posiblemente en un futuro disco, y que vió la luz por primera vez ante un público que estaba entregado desde el principio, porque estaba frente a un grupo de amigos que hacen rock y hablan otro idioma, pero con la música y la complicidad que había en el Arena, se sentía calor de hogar. De ese bacán.

Uno de esos detalles que hacen de Pearl Jam una banda especial en vivo, es que ningún setlist es igual a otro, siempre tienen variaciones. Y como anunció Eddie Vedder, se dieron la pega de revisar los setlist de los conciertos anteriores en Chile, para incluir varias de las que no habíamos podido escuchar antes. Que mejor intro para “Dissident“, temazo de sus inicios que fue agradecido con lágrimas y gargantas cantando a destajo, al igual que “Low Light“, “Garden” y la increíble “Footsteps“, que siendo un lado B quizás desconocido para el público general, es un clásico dentro de su discografía y una de las canciones que más fuerte he escuchado corear alguna vez en Chile, generando uno de tantos momentos mágicos vividos durante la noche. Porque eso es lo que se genera entre la banda y su público. No hay ni grandes virtuosismos ni parafernalia por toneladas, hay sentimientos en común, con las canciones como vehículo para transmitirlas. Y todo, como si fuera entre amigos entrañables, de esos a los cuales uno les convida el último pucho o deja que se coman hasta el hielo del refri sin que tengan que pedir permiso.

Es heavy, pero con más de 15 mil personas dentro de un estadio techado, se logró una intimidad brutal, de esas que se sienten con la familia más querida. Te daban ganas de cantar mirando a quienes estaban al lado, y cuando los veías, cachabas que todos estaban en la misma. McCready y su guitarra afilada te recordaban que estabas en un concierto de rock, que te daban ganas de chasconear y saltar como enajenado, pero que esa caldera humana del Movistar era lo más parecido a estar en casa. Y con tus mejores amigos. Viviendo de lo cotidiano y trivial, y con las canciones que tantos asociamos a momentos especiales de nuestras vidas, desde la adolescencia hasta la adultez, se logra lo mejor que uno pueda vivir cuando se va a ver un espectáculo en vivo: que sea una experiencia única, imborrable y a toda raja. Quedar con la garganta hecha bolsa, a veces con algún rastro de alguna lágrima por ahí, pero que te deja satisfecho y con una sonrisa gigante. Aguante Gossard, Ament, Cameron, Gasper, Vedder y McCready. Gracias por una noche imborrable. “A dissident is here…”

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s