[Review] Judas Priest – Firepower

No es fácil hablar de una de las instituciones más importantes y longevas del heavy metal mundial. Casi 50 años de carrera y con trabajos como Sin After Sin, British Steel, Defenders Of The Faith o Painkiller, hacen que la presión de un nuevo álbum no sea menor, sobretodo porque se puede caer fácilmente en cumplir con lo justo y en la clasificación de “banda del recuerdo”. Judas Priest nos entrega un nuevo trabajo cuatro años después de Redeemer Of Souls y lo hace en un momento sumamente turbulento. Días antes del estreno de Firepower, supimos la desgraciada noticia de que Glenn Tipton tendría que retirarse de la gira promocional por el mal de Parkinson que lo atormenta hace ya 10 años. Golpe durísimo para los ingleses y todos sus fanáticos que, sin embargo, han sabido ser resilientes. El 2011 salió el legendario K.K. Downing y entró Richie Faulkner, quién se encargó de renovar los aires de la banda y seguir adelante hasta este disco, que repasaremos a continuación.

La verdad es que Firepower desde el primer instante declara que esto va en serio. Los fuegos comienzan con la canción homónima que es un bombardeo sin cesar de riffs afiladísimos, doble bombos y un Rob Halford que no da tregua. Queridos fanáticos de Judas Priest, esto es HEAVY METAL EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN. Sin previo aviso pasamos a Lightning Strike, primer adelanto que escuchamos de este trabajo y que mantiene la intensidad con un ritmo marcial, que recuerda a los últimos trabajos de Accept, y coros hechos para cantar a todo pulmón con el puño en el aire, punto alto de este disco.

Firepower continúa con Evil Never Dies, que nos sorprende de entrada con el punzante bajo de Ian Hill y unos riffs muy pesados, que incluso nos recuerda a algunos pasajes de Jugulator y Demolition, de aquella época de Tim Ripper Owens, algo que se veía impensado con Halford a la cabeza y que sin embargo funciona de manera excelente. Las cosas se calman un poco con Never The Heroes, un mid-tempo lleno de inspiración, que nos muestra elementos que no son muy recurrentes en los ingleses y le inyectan frescura. Probablemente el gran responsable de esto es Andy Sneap, el productor que eligieron para este disco y que los acompañará en la gira promocional en lugar de Tipton. El hombre que se encargó de que Accept brillara tanto como en los 80’s y que también ha trabajado con bandas como Testament o Megadeth, destaca por hacer producciones con una mezcla demoledora y que cada banda se centre en sacar lo mejor de sí, que cuiden su legado, pero sonando actuales y es justamente lo que pasa con Firepower. Independiente que los dos últimos trabajos de Priest tuvieran buenos momentos, la mezcla quedaba muy al debe (sobre todo en Nostradamus), por lo que es un agrado escucharlos como corresponde, desbordando toda su potencia.

Los sonidos más pesados de este álbum se encuentran en Necromancer. Riffs oscuros y un Scott Travis desatado, este monstruo de la batería destruye todo a su paso y esas batallas de solos de guitarra que tanto nos gustan a cargo de Tipton y hoy en día con Richie Faulkner, quien se nota que tuvo una alta responsabilidad en el momento de la composición del álbum. Children Of The Sun es de esas canciones que van de menos a más, con un comienzo muy old school y que al correr los minutos muestra pasajes más complejos e interesantes, que se complementan de buena manera con la actitud que coloca Halford en las voces.

Probablemente uno de los momentos más altos de este trabajo es Rising From Ruins, antecedida por la intro Guardians. Se siente una banda compactada funcionando como una gran fuerza y llena de inspiración, con una atmósfera y melodías hermosas, que hacen que sea un viaje de lo más épico. Para contrastar aparece Flame Thrower, puro rock & roll a la vena, que hace imposible sacarla de nuestras cabezas y que perfectamente podría pertenecer al gran Killing Machine de fines de los 70. Spectre nos trae devuelta a esos ritmos más pausados con riffs afilados que suenan muy actuales, aunque no con tanto brillo como las canciones anteriores.

Ya en recta final, Traitors Gate no da misericordia y pasa por encima de nuestros oídos como una aplanadora, Halford usando todos sus recursos de manera magistral y de cierta forma recuerda un poco a Nostradamus, claro que con una mezcla de sonido rozando la perfección. No Surrender sorprende gratamente por su minimalismo y vibra ochentera que nos llega directo al mentón, de las canciones más viscerales de Judas. El punto más bajo de este disco puede que sea Lone Wolf, la cual tiene un groove que recuerda mucho a Black Sabbath y no termina por convencer del todo. Y ya concluyendo nos encontramos con Sea Of Red, una power ballad que le da un emotivo cierre a este álbum.

Resulta increíble que después de tantos años en el ruedo, Judas Priest nos pueda regalar trabajos que brillen tanto como Firepower y esto en gran parte es gracias a Richie Faulkner, quien desde que ingresó ha traído solo cosas buenas para la banda, y también a Andy Sneap en la producción, que extrajo lo mejor de lo mejor de esta institución. Sin exagerar, es lo mejor que han hecho desde Painkiller y nos da la sensación que hay Priest para rato. A pesar de que Glenn Tipton haya tenido que bajarse de su próxima gira, los ingleses sabrán salir adelante, ya lo han hecho en el pasado y con trabajos de este nivel, que sigan por un buen tiempo más. ¡Long Live The Metal Gods!

 

by Mato

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