Simplemente: Lemmy

Siempre he pensado que en la vida de toda persona, hay días o fechas que jamás han de olvidar, ya sea que recuerden qué estaban haciendo o dónde estaban en ese momento, siempre tienen la opción de revivir ese momento como si volviese a suceder. En mi caso recuerdo donde estaba y que estaba haciendo cuando me enteré de la muerte de Frank Sinatra, o cuando cayeron las Torres Gemelas, o para el terremoto del 2010 o para cuando murió Ronnie James. De igual manera recuerdo cuando murió a quién recordamos hoy, a 2 años de su muerte, uno que marcó pauta, que dio cátedra, y que fue considerado una leyenda viviente y que incluso en el cine se hizo una referencia a que no era semejante a Dios, sino que lisa y llanamente era Dios. El único e incomparable Ian Fraser “Lemmy” Kilmister.

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Esa tarde noche del 28 de Diciembre, estábamos con mi hermano y mi compadre tomándonos unas cervezas en el patio de mi casa, conversando de la vida y, créanlo o no, escuchando Motörhead, estaban sonando “Stone Dead Forever” seguida por “Damage Case” en el celular de mi amigo, cuando yo decidí tomar el mío y revisar las redes sociales. Me metí a Twitter y vi una foto de Lemmy en la cuenta de uno de estos portales gringos, como estaba revisando a la rápida no reparé en ver el titular, pero después me topé con otra foto y otra y otra, tanto en portales como en las cuentas personales de músicos, y fue ahí cuando algo me hizo parar y leer, y la verdad es que a la primera no pude creer lo que leía, de hecho inmediatamente quedé como en blanco y atiné a decir “Hueón, murió Lemmy”, inmediatamente las reacciones fueron como de “¿qué hueá?”, y fue en ese momento en que todos nos pusimos a revisar nuestros celulares y eso que tal vez nunca pensamos que iba a ocurrir, o al menos fantaseábamos con su inmortalidad, ocurrió: con 70 años  y cuatro días, una de las figuras más reconocibles de la historia del Rock y el Metal dejaba este mundo. Lemmy había muerto y ya nada sería como antes.

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Es muy probable que todos tengamos alguna historia con Motörhead, mi primer acercamiento fue con el video de “Brave New World”, que recuerdo lo daban muy temprano en la mañana, antes de irme al colegio, cuando los canales solían dar música bien temprano, como desde las 6 de la mañana, excelente manera de salir prendido de la casa. Después recuerdo al primer recital de ellos al que fui (tuve la suerte de ir a tres de los cuatro que hicieron en Chile, sólo me perdí el del ´95, básicamente porque era muy chico y no los conocía), y fue una puta odisea, con mi compadre cruzamos medio Santiago a donde una tía suya que le iba a prestar la plata de la entrada, después tomamos una micro a la que unos pendejos de un colegio le reventaron el vidrio de atrás con un piedrazo, llegamos a la tienda a comprar la entrada como 5 minutos antes de que cerrara (era una Feria del Disco, ahí para que se nos caiga el carnet a varios), y cuando por fin llegamos al Víctor Jara, faltaban como 20 minutos para que empezara el show y había una fila enorme, pero en un descuido de toda la gente, mientras los primeros tipos de la fila conversaban no sé qué cosa, nos colamos al comienzo de la fila y entramos rapidito sin que nadie cachara. Durante el recital se cayó un hueón curado literalmente rodando asientos abajo y chocó con mi pierna, nosotros estábamos en platea baja, y lo más cómico fue que yo le dije a mi amigo en un comienzo, cuando llegamos, “te apuesto a que un hueón curao’ se va a caer arriba mió”, dicho y hecho.

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Y las tallas no terminaron ahí, terminado el show, nos fuimos a buscar un lugar donde tomarnos una cerveza, lo más próximo era una botillería que quedaba cerca de mi universidad, y mientras caminábamos se nos acercó un tipo que también venía del concierto, y nos preguntó “Cabros, una consulta, ¿no han visto a un cabro chico solo por aquí?, es que se me perdió mi hijo. Puta, igual el cabro es vio’, así que demás que llega a la casa solo, pero si llego sin él, la mamá me va a sacar la chucha”, el cabro chico tenía como 10 años y los dos eran de Rancagua, jajaja (amigo, si está leyendo esto, espero que haya encontrada a su hijo. O si el hijo está leyendo esto, ya que debería tener como 20 años, espero que su padre lo haya encontrado).

Y las cosas no terminaron ahí, cuando llegamos a la botillería nos pusimos a conversar con el dueño, mientras nos tomábamos una cerveza a la salida de la misma, y ahí nos dijo que no nos preocupáramos si aparecía carabineros, que le pasáramos las cervezas e hiciéramos como que solo estábamos conversando. La cosa es que después llegó su ahijado y le compró una cerveza y se puso a tomar a la salida de un cité, como a 10 metros de donde estábamos nosotros, y no pasaron ni 15 minutos cuando pasó una patrulla y se lo llevó detenido. Nosotros nos rajamos, pero cuando le dijimos al botillero lo que estaba pasando, él sólo atinó a decir “Cabro hueón, por qué no se fue pa’ la casa mejor a tomar. Obligado a llamar a su mamá pa’ avisarle”, todo eso mientras nosotros nos terminábamos nuestra cerveza.

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Después vino el show del 2011 que dio vida al vinilo protagonista de esta columna, y su último concierto acá en Chile el 2015, meses antes de que dejara este mundo, y en el cual se mandó esa frase que todos quienes estuvimos ahí creo que jamás olvidaremos: “Ustedes son el mejor puto público del mundo, y eso no es algo que suela decir”, y es cierto, Lemmy no era una persona que dijera las cosas sólo por quedar bien con los demás, cuando decía algo era porque de verdad así lo creía. De hecho recuerdo el 2011, cuando las entradas para el show se vendieron en cosa de semanas, y se planteó la posibilidad de cambiar el recinto a uno más grande, y la respuesta de Lemmy fue “No cambiaremos el recinto, lo que sí haremos será grabar el show de la gira allá”, se me hace difícil pensar en una mejor manera de reconocer a los fans que esa.

Hace un rato leía una de las entrevistas que dio Lemmy en una radio nacional, previo a la última visita de Motörhead a nuestro país, y en esa clásica última intervención, cuando el/la periodista  les piden que inviten al público a asistir a los conciertos, Lemmy cerró su intervención con un “Vengan a vernos… nunca se sabe, quizá no haya otra oportunidad”, irónicamente así fue.

Doy por hecho que ustedes también tienen historias de Lemmy o Motörhead que contar, así que siéntanse con la libertad de compartirlas, ya sea en la compañía de un Jack con Coca-Cola o unas Cervezas, lo que importa es que la música de Motörhead o Hawkwind suene fuerte, porque más que su muerte hay que recordar su legado, el mismo que hizo historia.

By Basa

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