Historias de Vinyl: Inteligencia musical

Una vez más me dí cuenta de que pasó poco más de un mes y nuevamente no he sido capaz de sentarme a escribir algo para esta sección. Yo sé que usted, joven universitario que está contando las décimas para ver si pasa un ramo o está comenzando el período de exámenes, me entiende; o que el escolar que está próximo a cerrar el año y está sobrepasado con las últimas pruebas, también me entiende; o todo el lolerío que acaba de rendir la PSU hace un par de días y por fin puede decir “vamos a tomar tranquilos por fin, por la chucha”, también me entiende; o que usted que se saca la cresta en la pega y sólo quiere mandar todo a la mierda y salir de vacaciones, también me entiende; es precisamente por eso que aquí en Blast! también me entienden y aceptan que por la falta de tiempo no he podido escribir, y sólo por eso no me han puesto flor de patá en la raja aún.

Pero vamos a lo nuestro, ésta no es una columna que se me haya ocurrido de la noche a la mañana. Bueno, en realidad sí se me ocurrió de la noche a la mañana, pero hace como casi 4 meses atrás (¿se nota mi falta de tiempo, cierto?), y nació en base a una de esas tantas veces que, probablemente tal como a usted, me han preguntado “¿tú eres rockero? ¿tocas guitarra? ¿tocas algún otro instrumento?”, y siempre me he cuestionado el por qué la gente cree que el hecho de ser rockero automáticamente te exige la habilidad de tocar alguno, que es como una especie de requisito o algo por el estilo, ya que pareciera que muchas personas así lo creen.

Entonces recordé algo que me dijo una profe una vez en la universidad, tocando el tema de las Inteligencias Múltiples, que me dijo “por ejemplo, en tu caso se nota que tienes muy desarrollada la inteligencia musical”. Probablemente más de alguien entre quienes se encuentran leyendo esto ahora, han oído hablar de la teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner, de hecho hace unas semanas le preguntaba a un colega si el tema se pasaba o no en el colegio, y efectivamente se hace, no recuerdo si es en tercero o cuarto medio. A grandes rasgos esto plantea la existencia de 8 tipos distintos de inteligencias (originalmente eran 7), de las cuales la gente suele tener desarrollada en mayor medida una o tal vez más de ellas, debido a distintos factores que pueden activarlas. La cosa es que en base a eso, y a un montón de cosas extras, la columna de hoy versa sobre esta habilidad que va más allá de si usted toca o no un instrumento.

La pregunta ahora cae de cajón, ¿qué mierda tiene que ver Dire Straits en todo esto?, y la respuesta es la de siempre, la columna es mía y escribo lo que se me dé la gana, pero en verdad va un poco más allá de eso. Para el fanático más purista o más acérrimo del rock y el metal, tal vez Dire Straits no sea una banda fácil de digerir, dado que los nominados al Rock & Roll Hall of Fame del 2018 son a ratos bastante técnicos, pueden tener unas canciones a ratos un tanto melosas, pero son capaces de transmitir algo especial, algo que no muchos han de ser capaces de apreciar. De hecho en lo personal en más de alguna ocasión he dicho que el mundo sería un lugar mejor si más gente escuchara Dire Straits, pero eso va en gran medida en la forma en que cada quien viva la música.

Y así es como vuelvo al tema de la historia de hoy, que no es tanto como una anécdota que me haya ocurrido, sino que más bien como un compendio de cosas que he ido aprendiendo con el tiempo, sobretodo en el hecho de que si usted es de esos que no tienen dedos para el piano, ni para la guitarra, no se coordina en la batería, que hasta al triangulo le pega a destiempo, o de los que canta bien pero se escucha mal, le comento que usted también puede tener desarrollada la inteligencia musical, y aquí siento que me basta con poner un ejemplo muy puntual, el señor Eddie Trunk.

Hace un tiempo tuve la suerte de por fin poder adquirir sus libros del hombre ancla de That Metal Show, Eddie Trunk’s Essential Hard Rock and Heavy Metal, volúmenes 1 y 2, y son maravillosos. El tipo no se desgasta en simplemente contar las historias de las bandas que aparecen en ambos libros, sino que cuenta SU historia con dichas bandas, desde cómo llegó a conocerlas a la relación que tiene tanto con músicos como con las agrupaciones. Y ahí uno se da cuenta de que no es tan distinto a uno, en cuanto a cómo comenzó al menos.

O aquí también puedo mencionar lo que ha hecho Sam Dunn, realizador no tan sólo de documentales sino también de una serie para el VH1 y más de algún registro en vivo de alguna banda; de hecho, dos de ellos han sido grabados en nuestro país, tanto de Motörhead como de Iron Maiden. Y aquí queda claro que el desarrollo de esta habilidad o de esta inteligencia musical, va más allá de crear música con un instrumento, también puedes transmitir lo que la música provoca, ya sea de manera escrita o audiovisual, tanto en libros como en documentales. Y no piensen que nosotros como país estamos exentos de dicho desarrollo, también contamos con muy buenos libros que transmiten esta cercanía con la música, como los son Pájaros Negros 1 y 2,  o Thrash Metal: del Sonido al Contenido. Y tenemos buenos documentales. Si no me cree, vaya y asista al In-Edit Nescafé (por lo común se desarrolla en estas fechas, pero en esta oportunidad se movió para mediados de abril del próximo año), en donde no sólo puede disfrutar de documentales y películas extranjeras relacionadas a la música, sino que también puede disfrutar de aquellos hechos en casa, que de hecho forman parte de la competencia nacional del festival.

En sí, y como cierre, lo que intento plantear es que, tanto ustedes que leen lo que publicamos aquí en Blast, como nosotros que somos los encargados de escribir, tenemos desarrollada esta inteligencia, más allá de si se es o no un prodigio en algún instrumento, porque esto se trata de vivir la música y saber transmitir lo que se siente, hablar y escuchar, vibrar con cada canción, o que tal vez hace igual que yo luego de un recital y se miente diciendo “creo que la próxima vez iré a platea, ya no estoy para estar en cancha” pero igual volverá a cancha aunque se tenga que tirar desde la platea, porque quien vive la música como nosotros lo hacemos, comprenderá lo que sentimos.

Así que ahora tómese un tiempo para ir y leer uno de los tantos libros que versan sobre la música, o alguno de esos tremendos documentales que hay por ahí, conozca nuevas bandas, y lea y comparta lo que aquí escribimos, porque al fin de cuenta lo que aquí queremos es acercarle la música en el lenguaje que usted habla, el de la pasión por el rock.

 

by Basa

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