[Review] Accept – The Rise of Chaos

Hay cosas que no se olvidan jamás. Andar en bicicleta, como poner la llave en la chapa de la puerta cuando las chelas se suben a la cabeza, y el sabor de los fideos que hace la mamá. Y tal cual como el plato casero de pasta con salsa de tomates, es The Rise Of Chaos, el nuevo disco de Accept. Son esos sonidos que venimos escuchando de estos cabros-no-tan-cabros alemanes desde hace hartos años, y que ya nos son tan familiares y conocidos.

Los fideos con salsa de la casa materna puede que no tengan mucha sal, no tengan mayor glamour, sean la comida de todos los miércoles, y la salsa talvez sea de esas que vienen en promo de 6 en el super. Pero nada de eso importa. Sabemos como son, y los queremos y nos gustan, y los comemos felices, aunque nunca ganen ninguna feria gastronómica ni nuestra madre clasifique para el delantal de Masterchef. Confort y comodidad garantizados, cariño y calidez, nada como el terreno y el sabor conocido y acogedor, y eso siempre, de alguna forma, se agradece.

45 minutos es lo que dura un tiempo en el fútbol, y también las diez canciones que forman este álbum. Puro metal de la escuela clásica, ese que tiene el riff necesario, ese coro que está hecho para cantarse con la garganta al borde del colapso, para desahogar tanta cosa que uno acumula durante los días de la vida. El metal tiene eso de ser una de las mejores y grandes vías para el desahogo contra la porquería que tenemos en este planeta, y este álbum no es la excepción. Y más encima, al final de la escucha, el dedo gordo señala hacia arriba y dan ganas de volver a poner play. ¿Cómo lo sé? soy de esos insanos que cuesta que abran los ojos por la mañana. Uso una serie de CINCO alarmas para poder salir de la cama a diario, y la primera, es con Die By The Sword, el tema que abre este disco. Si supieran estos alemanes que sus canciones nuevas son capaces de despertar a un ser humano con propiedades de marmota como yo, imagino que se sentirán orgullosos, y lo incluirán en su bio para demostrar que el metal de Accept es tan poderoso como para lograr semejante tarea…

No es el álbum que redefinirá el metal de hoy en adelante y no creo que el vinilo de esta publicación se venderá a precio de oro en 50 años más en el comercio de coleccionistas de clásicos del rock, pero hay que ser claros, es un disco que cumple bien, que te agarra a patadas en el culo y te hace mover la chasca espontáneamente sin andar rogándolo. Es bacán ver como las bandas tradicionales, esas que uno escuchaba cuando pendejo y todavía no tenía pelos en las axilas y otras partes más del cuerpo, han vuelto a conquistarnos con buenos nuevos álbumes. Hay rabia y mierda igual que hace treinta años, sólo que quizás los motivos y los causantes no sean los mismos, así que ese nuevo aire en los nombres grandes y clásicos, se agradece.

Canciones como The Rise Of Chaos, y Die By The Sword y What’s Done Is Done, son esas que pueden ser nuevas o de hace 40 años, porque no tienen nada que envidiarle a ningún clásico y te dejan cabeceando como enajenado y cantando el coro por días, con esa cosa casi épica y que te llena de energía. Koolaid y Analog Man van más piola por los caminos del rock, mientras No Regrets y Hole In The Head te machacan desde la batería y si te pillan desprevenido, hasta te pones a pegarle a los platillos imaginarios con todo el power. Y Worlds Colliding está pintado como himno de campaña contra los que nos tienen hasta el carajo .

Por eso Rise Of The Chaos es como los tallarines de la casa de la mamá. Son esos que nunca fallan, que siempre volvemos a buscar cada cierto tiempo, que se sienten y disfrutan con cariño. A estos alemanes les tenemos respeto y afecto, y si hay un país en el mundo donde la chasca al viento tiene galones, en esta larga y angosta faja de tierra. Se escucha como un disco de Accept, y por eso se disfruta y bien. Da lo mismo si es el mejor del año o de la década, está bueno y funciona la raja. No se necesitan excusas para escucharlo a volumen ilegal en carretes, camino a la pega o mientras paseamos por las calles de la ciudad, o acompañando algún bebestible a baja temperatura en algún recinto oscuro y de negras vestimentas. Créanme, que hay material acá hasta para levantar a un oso. Lo digo porque es lo que vivo a diario. Voy a terminar dando los buenos días en alemán, de puro agradecido.

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