[Review] Santiago Gets Louder: Jornada histórica

“Apúrese muchacho, que allá adentro ya empezó el rock & roll” me decía uno de los encargados de seguridad a mi llegada al Santiago Gets Louder, y no se equivocaba porque adentro del Domo ya estaba empezando el show de Vimic, que tuvo un despliegue de energía más allá de algún eventual problema de sonido. Pero a pesar de eso, la banda a la que muchos conocían como “la banda de Joey Jordison” dio muestras de calidad sobre el escenario.

Y es que su álbum debut “Open Your Omen” aún no ha visto la luz (será lanzado durante el 2018), y la banda ya da luces de lo que puede ser un futuro prometedor, en gran medida por la versatilidad y el carisma de su frontman, el señor Kalen Chase, quien pasaba de los gritos a las melodías como si nada. De la performance de Jordison no hay necesidad de extenderse mucho, el tipo es una maquina en la batería, tiene una solidez y una potencia que se ha mantenido intacta a lo largo del tiempo en que lo conocemos.

Reconozco mi desconocimiento sobre lo que era la propuesta musical de Vimic, de la misma forma en que reconozco que ahora soy uno de los que espera con ansias el lanzamiento de su primer álbum de estudio. Un buen show, tal vez fue breve pero que deja las puertas abiertas a un regreso ya con un disco bajo el brazo.

Y en el Santiago Gets Louder la música no paraba, terminado el show de Vimic con suerte y había tiempo para ir al baño, porque ya en el exterior, en el Talavera Stage, salía a escena Temple con Ronnie Romero a la cabeza, en lo que fue una excelente jugada por parte de Walter Giardino, porque si bien la banda está formada casi en su totalidad por miembros de Rata Blanca, la presencia del cantante chileno le dio ese no sé qué que qué sé yo, y fue el mismo frontman de Lords of Black, su banda en España, el que lo demostró de entrada, diciendo sentirse feliz de poder presentarse frente a sus compatriotas.

Puede que Romero haya tenido un, a ratos, marcado acento españolado, pero ese es un pelo de la cola, el tipo es chileno y así lo hizo ver. Y teniendo en cuenta de que algunos van un fin de semana fuera de Chile y llegan con acento, mientras que Ronnie Romero ha hecho un carrera en España, y fue eso lo que le dio la oportunidad de ser parte de los reformados Rainbow, porque eso que vio en él Ritchie Blackmore, fue lo que tuvimos la oportunidad de presenciar la tarde del Domingo cuando Temple nos regaló una gran versión de “Man on the Silver Mountain”.

Si bien el set fue breve, sólo siete canciones que repasaron parte del único álbum de Temple, sacado hace ya casi 20 años, nos maravilló con otro regalo que dejaba en claro que lo de Romero va más allá de un simple alcance de nombres con el difunto Ronnie James, ya que “Neon Knights” fue parte del final, previo al cierre con “Alquimia”. En una tarde-noche cargada de debuts, el chileno volvió cual hijo prodigo a deleitarnos, en lo que esperemos el primero de muchos regresos.

En una tarde cargada al idioma anglo, por lo menos de parte de los extranjeros presentes en Santiago Gets Louder, cuando entramos al escenario principal del Movistar Arena, a eso de las 5 de la tarde, fue bacán ver que había mucha gente (unas 6 mil personas aprox.) esperando y con todas las ganas del mundo a los argentinos de Rata Blanca. Walter Giardino venía soplado desde el Talavera Stage, donde había estado dándole con todo junto a Temple, para juntarse con sus eternos compañeros de ruta, listos para dar un show variado y con canciones de todas sus etapas, pero que prometía ser imperdible.

Que no les vendan la pescá, porque Rata Blanca entrega un concierto muy power, en que Giardino es la figura principal, cosa que pudimos comprobar sólo con poner atención al despliegue de luces del escenario principal, que ya más tarde en la jornada daría que hablar. Los focos van principalmente hacia Walter, y a punta de riffs poderosos y lo mejor que podían ofrecer, estos argentinos nos dejaron coreando y gritando a mansalva. A pesar que el micrófono de Barilari no sonó todo lo bien que queríamos desde el principio, al público eso le importó nada, porque se dedicó a corear y cantar a destajo, mostrando sin reparos su fanatismo hacia quienes estaban dejando todo arriba del escenario. Desde las canciones de su último trabajo “Tormenta Eléctrica” hasta clásicos de toda la vida como Mujer Amante y La Leyenda del Hada y el Mago, Rata Blanca se entrega como futbolista de barrio, poniéndolo todo, brindando un show impecable, hecho para la galera y para pasarlo bien, y así no más fue el resultado, con un aplauso bien ganado por parte de la masa chascona presente.

Salimos al Talavera Stage y nos encontramos con una primera sorpresa, porque había despejado y salido el sol mientras veíamos a Rata Blanca, y eso, obvio, da sed. Un refresco para la garganta y aprovechamos también de comer algo, mientras los brasileros de Ego Kill Talent salen y comienzan su show. Y mientras algunos se sientan en el pasto y los más prendidos se acercan al escenario, se va generando la segunda sorpresa. Pero de las buenas, eso sí. La mayoría del público cercano al escenario carece de canas e insinúa unos mosh, mientras varios enajenados de más años, kilos y alopecia se dirigieron al interior del Domo Stage a prepararse para el show de King Diamond. Bien complicado el lugar en el listado de shows que les tocó, pero se creyeron el cuento y la banda no se guardó nada, y le mostró a todos los ciudadanos que estábamos ahí, que no estaban por casualidad frente a nosotros.

Estos cabros se las traen. Suenen fuerte, tienen una potencia cercana al salvajismo en la dupla bajo-batería que inmediatamente te prende el piloto automático del meneo de cabeza. Entre varias bandas y shows de leyendas y sonidos clásicos, Ego Kill Talent tiene el desparpajo y la soltura de los sonidos nuevos, y si les sumamos que tienen energía y carisma por kilos, en un show de corta duración lograron que más gente se acercara al escenario y les prestara oreja, a pesar de todos los factores que podían estar en contra. Ojo y oreja con estos locos brazucas, que tienen un metal con harto power, y que volverán a tocar en Chile para Lollapalooza del próximo año.

El polerómetro durante la jornada era claro. La mayoría de las poleras negras en Santiago Gets Louder tenían el logo de King Diamond, y ese era el mejor indicador de que la mayor expectativa estaba con el danés, que debutaría en solitario en nuestro país, y el ansia por ver su show se notaba en el ambiente previo. A minutos de comenzar su concierto, el Domo Stage estaba repleto y listo para ver lo que se venía. Por eso, cuando el telón con su nombre se hizo a un lado y pudimos ver la escena de una maestra obra teatral en frente nuestro, ingresaron la abuela en silla de ruedas, los miembros de la banda y comenzaron los primeros acordes de Welcome Home; el recinto entero se volvió loco y todos empezamos a acompañar esos tonos agudos a todo lo que nos daba la garganta, y se desató la locura y la euforia a rabiar.

Lo que tenemos frente a nuestros ojos e ingresa por nuestros oídos es un concierto de verdad impresionante. De a poco nos vamos dando cuenta que estamos frente a uno de esos shows que solo conocíamos por videos o reseñas de alguna página en internet o por algún amigo que lo pudo ver y escuchamos con harta envidia, hay que decirlo. Una demostración de como el metal puede llevarse a un nivel superior. No se trata de sólo cambiar el siempre fiel telón negro de fondo o reemplazar las también siempre útiles pantallas gigantes para que todos puedan ver desde cualquier punto del Movistar. El despliegue de escenografía, músicos, coros, actores, luces y música se ponen todos en conjunto al servicio de una propuesta sónica, visual y sensorial que de verdad te deja vuelto loco. Por eso, cuando después de terminar su tercer tema, por un momento quedamos todos casi en shock cuando King Diamond nos habló a todos.

Como veía que la iluminación no estaba dispuesta como correspondía, nos pidió detener un poco el show para hacer los arreglos de rigor, ya que no estaba dispuesto a continuar sin que eso se corrigiera, no solo molesto por un asunto de perfeccionismo artístico personal, sino como señaló, “You did not pay for this shit” Gracias por la preocupación por nosotros, pero hay que confesar que varios traspiramos helado por un rato temiendo lo peor. Pasaron los minutos, mientras rogabamos a Satán porque todo se arreglara. Y nuestras demoníacas alegorías tuvieron éxito, porque finalmente todo se puso en orden y la banda pudo continuar con su pedazo de show sin problemas. Más de algún alma deberá cobrar Belcebú por todos los que la ofrecieron ahí para que todo continuara…

Llegaba el momento de recordar a Mercyful Fate con dos temazos como Melissa y Come to the Sabbath, que serían la mejor previa de lo que venía, porque tras una pequeña pausa, comenzaba lo mejor de la jornada, cuando King Diamond comenzaba la presentación en forma íntegra de su gran álbum “Abigail”, y ante nuestras caras, orejas y chascas se venía la parte más bacán de un concierto de verdad inolvidable. Cuando tienes tantas cosas funcionando, en una presentación con tantos factores, puedes caer quizás en sobrecargar o abusar. La teoría siempre dice que menos es más. Pero acá el conjunto de todos los factores en el escenario, desencadenan un todo que se desarrolla, mueve y suena de manera perfecta, como pocas veces hemos visto en este país. La frase es ultra cliché, pero la espera de tantos años por ver al danés en Chile valió la pena, y con creces, porque lo que vivimos fue a toda raja.

Si lo de King Diamond fue un debut soñado y ultra esperado, lo de Megadeth es uno de esos regresos que siempre son bien recibidos. Con la del Domingo, ya van 14 veces en que Megadeth se ha presentado en nuestro país (10 en los últimos 12 años), y aun así el colorado siempre encuentra algún motivo para venir, incluso cuando los críticos más amargados puedan decir “otra vez Megadeth, si vinieron el año pasado”, lo que vimos en el Santiago Gets Louder fue la muestra de una banda incombustible.

Los clásicos se hicieron presentes desde un comienzo, y las bengalas no fueron capaces de aguantar más allá de la segunda canción, porque mientras sonaba “Wake Up Dead” se prendía la primera de tres bengalas que veríamos en cancha durante la presentación de los californianos. Y lo bueno es que dentro de tanto clásico, el par de canciones pertenecientes al Dystopia, pasaban coladas como si pertenecieran a la old school thrashera.

Durante su historia, Megadeth se ha caracterizado por los muchos músicos que han pasado por la banda, pero de igual manera estos han traído consigo una gran calidad, y Loureiro y Verbeuren son prueba de que para tocar en Megadeth debes ser bueno, y con una calidad digna de la perfección de un relojero, ambos parecieran nacidos para esos puestos. Dirk Verbeuren pareciera estar programado para tocar a la perfección la batería, justificando el haber sido recomendado por el mismísimo Chris Adler.

15 temas pasaron para la retirada de Megadeth, pero una retirada que sólo sirvió para que Mustaine regresara a avisarnos que aún faltaba una canción, y luego de una breve historia de cómo nació la misma, presenciamos una vez más esa obra maestra llamada “Holy Wars… The Punishment Due”. Y así llegaba a su fin una nueva presentación de Megadeth, en donde aquellos que se quedaron fueron testigos de una avalancha de hits que a más de uno dejaron con dolor de cuello el lunes por la mañana, y es que en una noche mágica y llena de debuts, el colorado no podía quedarse corto, después de todo cuando están en Chile, ellos juegan de local.

Fue una excelente jornada de rock…

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