[Review] Queens Of The Stone Age – Villains

Cuando lo has hecho todo. O casi todo. A tu pinta. Más encima, la hiciste bien. Tienes a casi todo el mundo adorándote y aplaudiéndote. ¿Quién chucha somos para alegarte por hacer lo que quieras hacer, musicalmente hablando? Más que por dárselas de bacán, Josh Homme seguramente no está ni ahí y le importe una soberana raja lo que opine el resto del planeta acerca de las canciones que hace, sea con el proyecto o banda que sea, de las varias con las que ha trabajado o está funcionando en la actualidad. Buscó, probó, descubrió y creó a su pinta, y así dejó loco a medio mundo. Por eso también te hacemos queques al por mayor y te cargamos la Bip, señor Homme.

¿Para qué tanto preámbulo y paja molida? Porque Villains, el último disco de Queens Of The Stone Age, se pasa por donde quiere a quién sea, y se va por caminos que los más talibanes del rock y el metal odian, y apuntan con el dedo y amenazan con excomunión y quema pública en una hoguera. El jugar con sonidos onderos, hasta juguetones y también bailables, ritmos que enganchan y cachonderos, harto groove y cerradas de ojos, con la solapa de la chaqueta para arriba y el jopo bien peinado. Por donde se le mire, es un acto de provocación. Sea filosófica, musical, sexual o de principios, acá la banda de Josh se lanza a trabajar con un productor de los que hacen hits para radios y música para comerciales de celulares, y el resultado es bien distinto, a primera mirada, a lo que estábamos acostumbrados de una de las bandas más potentes de los últimos años. De esas que todos mencionan para defendernos de los tarados que cada cierto rato dicen que “el rock está muerto”.

A no engañarse, porque Queens Of The Stone Age sigue siendo una banda que transita los caminos del rock. En este álbum, eso sí, están más cerca del groove y la onda de Bowie a los inicios sombríos de Kyuss, pero las guitarras y las letras lánguidas siguen al mando como siempre, pero esta vez acompañadas de sintetizadores y toques electrónicos, que encajan perfecto con el propósito y dirección de Villains. Cual villano criminal, se deja tentar por los demonios más lascivos y mira con los ojos del coleflecha, como insinúa su carátula, dando paso a la lujuria del ritmo que hipnotiza, que hace que uno se mueva y tienda a bailar, más que al headbanging furibundo. A pesar de todo, las canciones siguen sonando con el sello inconfundible de la banda desde sus inicios, y quizás ahí está su mayor mérito, el matizar y buscar nuevos sonidos, pero sin renegar ni perder su esencia.

Da la impresión que Josh y sus secuaces han podido sacarse de encima un montón de cosas que los tenía mirando el vaso medio vacío, y tienen las ganas de cerrarte el ojo y decir “y que tanta hueá, si nos vamos a morir, que sea pasándola bien”. Porque “…Like Clockwork”, su disco anterior, era la oscuridad previa a la luz al final del túnel, y hoy parece que están saliendo a la luz y miran el futuro de otra forma. Como lo enuncian en The Way You Used To Do, primer single en claves absolutamente bailables y que hace referencia a eso de dejar las complicaciones atrás, para amar de la forma que lo hacíamos antes, sin tanto caldo de cabeza. El mensaje del álbum es directo y simple, tanto lírica como musicalmente, a no dejarse derribar por los prejuicios y dificultades, y que siempre las cosas al final pueden salir bien.

No se extrañen si con Head Like A Haunted House o la mencionada The Way You Used To Do se les independizan las patas o se descubren meneándose con cara de malos y rebeldes, porque están hechas para eso. Un-Reborn Again y la inicial Feet Don’t Fail Me son el nexo perfecto con los sonidos más clásicos de Queens Of The Stone Age, con guitarras distorsionadas e hipnóticas, al igual que The Evil Has Landed, que suena como recordándonos clásicos antiguos de la banda. Domesticated Animals tiene ciertos roces con el blues, mientras que Hideaway es quizás la canción que pase más piolita, pero a mi gusto es la mejor de todo el disco, porque resume en 4 minutos todo lo que puede tener una canción firmada por Homme y compañía, con ese toque sexy, casi cachondero, mientras hablas de amor en cualquiera de sus formas, estados o niveles, donde a pesar del dolor por el motivo que sea, invitas a quien motiva esas emociones a mantenerse a tu lado.

A muchos les hervirá el orto ver como Queens Of The Stone Age se “ablanda” y deja de lado sus ritmos desérticos y sombríos, y hasta la apoderada del amigo de tu hijo acepta que pongas este disco en el paseo de fin de año del curso de tus herederos. Esa, es quizás la forma más heavy de provocar, y aquí Josh Homme da su golpe magistral de cuanto le importa lo que opine el mundo. Seguirá haciendo la música que quiere y cuando quiere, y que lo haga sentir cómodo. En 9 canciones y 48 minutos, el resultado es un gran disco. Amado u odiado, pero no deja indiferente. Y eso, es un mérito no menor. El que desee, está invitado a la fiesta de Villains. Demonios se venden por separado…

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