[Review] Catoni – 7: Como hacer rock y no morir en el intento

Cuando uno se pone a escuchar un disco por primera vez, una de las cosas que uno espera es que le den ganas de escucharlo más veces. O al menos que haya una canción que te deje con ganas de poner play en algún otro minuto. Y con este disco, Carlos Catoni, Rainer Hemmelmann y Franco Gabelo logran eso y mucho más. Porque hacen que uno se sienta cómplice, que la pasemos tan mal o tan bien como ellos cantan en cada canción, que desahoguemos todo lo que tenemos adentro y lo vomitemos con ganas, sin piedad por nada ni nadie. Y sin pensarlo, los agregamos al playlist que escuchamos a diario.

El título del disco no parece ser al azar. Es más que una declaración de principios o una frase marketeada y bacán, es un testimonio de lucha de vida crudo y sincero, porque sale de las tripas. Las mismas que se exponen descarnadamente durante 9 canciones y casi 37 minutos. Es una cirugía a guata abierta, sin anestesia, y con más sangre y corazón que la cresta. El blues es el sonido del alma, ese que ayuda a canalizar cada dolor y porquería que llevamos dentro. Y entregarse al blues y al rock para esta catarsis y lograr vivir para contarlo, habla que el intento de la banda en esta misión no fue por las puras berenjenas.

Las frutas maduran, no las personas o las bandas. Pero en este disco se nota que los tres músicos están tocando como si fueran una sóla máquina, que el paso de las tocatas, las experiencias y el tiempo los tienen sonando so much pulento, y que tantas jornadas ayudan a lograr esa conexión y fiato. El álbum es un combo contundente y suena potente, y eso termina haciendo que uno siga escuchando el disco, una y otra vez. No te aburre, no te cansa, sino que te queda dando vueltas en la cabeza y en las orejas.

Si tienen rabia, desconsuelo, o necesitan ese hombro amigo para desahogarse, agarren este disco y a poner play. Con una chela, un vaso de leche o si se les antoja el sicotrópico legal o ilegal de preferencia, dejen todo botado un viernes por la tarde/noche, y entréguense a las canciones de un disco contundente como éste. Es terapia gratis y sincera. Desde el comienzo la moledora de carne funciona con todo, dando rienda suelta al hard rock de cantina que tanto nos gusta, con un puñado de canciones de esas tarareables y cantables mientras la cerveza circula desde la garganta al interior de nuestros cuerpos. Lobo y Lejos son temas para gritar a destajo, a todo volumen, el tipo de canciones que pueden transformarse en himnos y grandes momentos de una tocata en vivo. Orgullo y Hecho de Fuego, son los caballos desatados más pesaditos, los que buscan noquearte mientras te pillan con la guardia baja. Misión Stereo es la que da comienzo a todo, y es casi una plegaria interestelar, sonando mas cruda que la cresta, entre sonidos de distorsiones y simulando sirenas, mientras que Red House, el cover de Hendrix que cierra la entrega, le da una vuelta de tuerca a toda raja a una gran canción.

Es un disco de esos para escuchar de principio a fin, sin andar seleccionando las canciones. Pero que tiene sus puntos más altos hacia la segunda mitad, cuando dan rienda suelta a las armónicas y al blues sufrido y doloroso. Ese que se escucha en los bares de mala muerte, pasados a puchos baratos y con olor a botellas vacías de licores de dudoso origen en cada rincón del oscuro y lánguido lugar donde estamos metidos, junto a seres de miradas perdidas. Migajas es una puerta de escape a un corazón maltratado de a deveritas, y que no te deja indiferente, porque todos alguna vez hemos transitado por la vereda de los perdedores y nos han dejado hechos bolsa, cuando las lágrimas ya ni siquiera son suficientes pasa sacar de adentro el sufrimiento más heavy de un ser humano.

Y un tremendo disco tiene una tremenda canción. Y El Sueño es más que una canción. Es la historia del que ha vivido a puro rock, y no ha muerto en el intento, como titula Catoni a su álbum. Es una apología al vivir el rock más allá de la música, sino que como un estilo de vida y una forma de enfrentar el mundo y el destino, a todo nivel. Es un abrir los ojos ante lo que nos hace pedazos, y cruzarse con la idea de comenzar a reconstruirse, después de estar hecho bolsa y ver como mierda seguimos adelante cuando parece que todo está perdido. Es una canción con más tripas y sangre que muchas, y que te hace respirar, y cantar junto al disco y a la banda a grito pelado, porque el sentimiento se transmite. Un temazo con mayúsculas.

Sin duda, ha sido un disco que me ha costado sacar de las orejas, y la verdad, no me molesta en lo más mínimo seguir así. Háganse un favor, y escúchenlo de una, completo, al menos la primera vez. Catoni es una banda que se entrega en cuerpo y alma a sus seguidores, y álbumes como éste, lo dejan más que claro. Si le hacen a las chelas o al whisky, son una gran compañía para poner play, para que pase mejor algún trago amargo que se nos venga al recuerdo en ese momento. Es la ocasión perfecta para sacarlo fuera y exorcizarlo, de una buena vez…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s