[Review] Violent Passion Surrogate – Rhizomorphic

Urgencia. Prisa. Ansiedad. Como si fuera el último disco que pudieran grabar en sus vidas. La cuenta regresiva cada vez avanza más rápido y está acercándose a cero. No hay más tiempo para grabar canciones, así que saquen todo lo que tienen dentro, y dénle con todo. Hasta morir.
Escuché varias veces Rhizomorphic, lo nuevo de Violent Passion Surrogate, y me queda esa sensación de que estoy puro hueveando aquí sentado y sin hacer nada. Porque en 10 canciones y casi 45 minutos, se despachan una verdadera metralleta a las orejas, a la mente y a los sentidos. Y aún queda más patente, cuando uno se puede dar la libertad de recobrar esa sana y cada vez más compleja licencia de escuchar un disco a volumen poco educado.
Porque es un álbum con pretensiones. La de ser escuchado, y de que quién lo escuche no se quede indiferente a lo que se pasea por sus orejas, a pegarte un cachamal y que despiertes o atines si andas pajareando. La de desahogar un montón de cosas desde la mente insana de quienes lo están lanzando al mundo para ser devorado por cada chascón en cada lugar del planeta. No es pretencioso, sino que pretende remecer. Por potencia, volumen, consistencia y ese tremendo muro de sonidos que lo construyen. Tiene la frescura del sonido novedoso, ese que no responde a músicas tantas veces escuchadas, sino que deja espacio para texturas interesantes y que de a poco empiezan a dejarte pegado como idiota, y después de una primera o segunda escucha, te agarra con cuática.

Si algún día me baja la saludable idea de decirle a algunas criaturas de Belcebú en su cara que nivel de idiota son, creo que primero tomaré aire, pondré play a Rhizomorphic y después procederé con tan liberadora idea. Porque de verdad te pega una bofetada en la cara, de esas de polola engañada y que pilla al delincuente marital con las manos en la masa (O en otras partes, cada cual sabe donde pone las manos).
Partamos por el principio. Suena como cañón, y ahí se nota que está grabado con todas las ganas y tripas del mundo. Como pensábamos al principio, si es la última grabación de nuestras vidas, hagámosla demencial y a toda raja. Si una canción de cuna no diera sueño, sería un fiasco. Acá cada tema transmite eso de hacerte mirar y reflexionar sobre tanta mierda que circula frente a nuestras narices cada día de nuestras vidas, para que abras los ojos, pares las antenas y la raja, y al menos dejes de que te metan el dedo en la boca a diario.

Desde el primer track del disco, cachamos para donde va la cosa. Con esa muy bacán mixtura entre los cantos guturales y los tradicionales, donde la pasada entre estilos vocales es recontrapiola y hasta hace que uno trate de seguir las letras y cantar también, aunque nos salga como el reverendo orto. Tanto la batería como el bajo van juntos como hermanos y te retumban a mil en la guata, marcando el ritmo machacante del camino y los tiempos donde progresan las canciones, dejándote loco con escándalo, y comandados por una guitarra que parece desenfrenada, pero está bajo completo control y dominio de todo lo que pasa, funcionando a mil y desahogando riffs increíbles, como si fueran lo más normal del mundo. Nunca he aprendido a tocar guitarra, y no se si algún día lo haga, pero de verdad uno queda peinado para atrás con semejante demostración de lo que se puede hacer con dos manos y seis cuerdas. El conjunto de todos los ingredientes hace de Violent Passion Surrogate un arma cargada y peligrosa, que toma dominio de tus sentidos, envolviéndote y machacando con todo.

Rhizomorphic es un álbum que no te deja indiferente, no pasa desapercibido ni es uno más de tantos que uno puede llegar a ponerse en las orejas durante su perengana vida. En un minuto donde hay tanta banda y tanto disco dando vuelta por la aldea global, y muchos de esos muy buenos, acá tenemos un tesoro. Uno de esos que hay que hacer correr la voz y dejar que el planeta entero pueda escuchar. Idealmente, a volumen lo más insanamente elevado. Ya sea paseando al perro en bicicleta, en un demoníaco carrete o haciendo aseo dominguero, todo momento es ideal para poner play y disfrutar de la energía y potencia de Sound of Hate y Eternal Oblivion, la inquietante languidez de For I Have Dissapeared, ponerte a mil por hora con Shadow Government, cantar como locos con Propaganda Within y Fear Index, para dejar el brutal cierre con Cephalic, track con que termina el álbum, y que es una de las favoritas de quien escribe. De lo mejor que podremos escuchar este año, en cuanto a metal se trata. Cómprelo, respáldelo, cópielo, descárguelo, haga lo que sea necesario, pero no dejen de conocer un álbum que dará que hablar por mucho rato. Con o sin polera negra, es un disco que hay que ponerle play antes que se acabe el mundo. Quizás, es el último que resuene en nuestros oídos. Con el amigo coreano que juega con sus cohetes, uno nunca sabe…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s