Historias de Vinyl: El buen hermano mayor

Siendo honesto, siempre me ha parecido graciosa esa pestaña de Facebook de “Un día como hoy”, ya que puede recordarte que en años anteriores escribías como el culo, o te trae a la mente algún carrete que puede llegar a ser catalogado como épico. De igual forma, puede recordarte un momento increíble que viviste, tal como me pasó hace unos días.

En Mayo del 2011 tuve la que podría catalogar como una de mis mejores semanas en lo que a recitales se refiere. No fui a ningún festival, pero tuve la opción de ver tres show tan distintos uno del otro, como memorables: el Miércoles 11 vi a Paul McCartney, el Viernes 13 a Accept, y el Sábado 14 a Mötley Crüe.

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El show de Paul McCartney fue a la altura de su leyenda como Beatle, lleno de clásicos de las distintas bandas de las que ha sido miembro, una puesta en escena de lujo, y todo lo presencié desde una ubicación casi privilegiada (la entrada más cara que he pagado en mi vida. Como respondí una vez a una pregunta que me hicieron “¿en qué te gastas tu sueldo?”: en conciertos y vinilos, y sus ocasionales cervezas… obviamente no es tan así, (creo), simplemente un lujo inolvidable.

Después fue el turno de Accept, banda de la que me había enamorado a comienzos del año anterior, al mismo tiempo que me enteré que se habían separado, y para mi fortuna luego se volvieron a juntar con un nuevo vocalista y lanzando un disco (BOTN) que a mi gusto fue el mejor del 2010. El show marcaba su debut en Chile, y luego de dos tremendos teloneros como lo fueron Vastator y Panzer, los germanos subían a escena y se robaban la noche. Incluso el corte de luz que hubo en el recinto nos regaló otra postal, cuando terminamos cantando a capela “Amamos la Vida”. Tan bueno fue el show, que dio la impresión de que Mark Tornillo llevaba décadas junto a la banda.

Y el Sábado todo terminaba con otro debut, el glam de Mötley Crüe se hacía presente por primera vez en tierras nacionales, eso si yo había visto a Vince Neil el año anterior cuando hizo una visita en solitario (ahí tuve cuea porque la entrada me la gané). Los de California no decepcionaron, un show lleno de sandías caladas, donde Tommy Lee se rajó con un Jäger para el público de la cancha vip. Fue un perfecto cierre de semana musical.

Probablemente llegamos a un punto en el cual usted, quien está leyendo, se preguntará “¿Y qué mierda tiene que ver el título de esta columna con todo esto?”, bueno, eso es fácil, ya que Facebook también me recordó que una semana antes de esto, estuve en uno de los recitales en los que más he temido por mi vida.

El Miércoles 4 de Mayo fui el encargado de acompañar a mi hermana al que fue su primer recital masivo, básicamente porque yo era el hueón con experiencia en recitales y porque soy buen hermano. El recital en cuestión era nada más ni nada menos que Miley Cyrus (antes de que cayera y después dejara la vida loca, en la época en que era una niña medianamente buena).

Estábamos igual bien ubicados, mi hermana utilizó ese clásico combo de “que sea mi regalo de cumpleaños y Navidad” y mi viejo se puso con las entradas, sentados cerca del escenario pero a un costado, cosa que no fuera TAN cara la gracia. Hasta ahí, todo bien, yo estaba sentadito, tranquilo, riéndome de un papá que fue con sus dos cabras chicas y me miraba con cara de “¡sáquenme de aquí, por la xuxa!”.

Reconozco que de toda su discografía me sabía una canción, y no la tocó. Para mi suerte si tocó un par de covers de Nirvana, The Runaways, Joan Jett, Poison, The Arrows y Fleetwood Mac, algo que me supiera yo, de hecho creo que era el único que conocía esas canciones. Hasta ahí todo bien, el problema vino después.

Por algún motivo que desconozco, a los costados había gente de pie, onda que venían de cancha general creo, y en el encore la gente de seguridad tuvo la genial idea de sacar esa reja, y honestamente, ahí temí por mi vida. He estado en los mosh de Slayer, de Kreator, de Anthrax y Testament entre otros, pero nada se compara con una horda de pendejos fanáticos de algún producto de la casa del ratón Mickey. Todos se fueron a donde estábamos nosotros, y les prometo que aún recuerdo la cara de un cabro chico gritando como si el mundo se fuera a acabar, y mirándome fijamente a la cara, con una expresión que decía “por qué xuxa no estás gritando como nosotros”. Yo casi me puse a gritar también, pero de miedo. También recuerdo la cara de la señora que iba con ellos (eran como 10 cabros chicos, siento que a la señora se la cagaron o perdió una apuesta), ni ella misma sabía cómo controlarlos.

Al final salí vivo y sin lesiones, y tengo la suerte de poder decir que estuve con mi hermana en un recital, cosa que por gustos musicales veo difícil se vuelva a repetir, aunque nunca se sabe.

Y a ustedes, ¿les ha tocado ir a un recital nada que ver con el estilo de música que escuchan? ¿Qué tal fue la experiencia? Los leemos.

By Basa

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