[Review] Slayer abrió las puertas del infierno… ¡Hell Awaits!

Nada más que un telón de fondo, con la carátula del último disco. Interacción mínima, casi lo estricto con la gente. El libreto es simple. Tocar y tocar frente a la fanaticada que paga su entrada por estar ahí. Pareciera que fue una soberana lata si uno lo describe así. Pero no. Lo de Slayer la noche del lunes en el Movistar Arena fue una clase magistral de un concierto. De esos inolvidables, en que tu banda favorita se da con todo arriba del escenario por que escuches esas canciones que te vuelan la cabeza, en un concierto demoledor, sin pausas, y que te deja peinado para atrás y vuelto loco.

IMG_8848

El concepto es simple, directo y a la vena. El hijo ilustre, bajista de Slayer y artista nacional Tom Araya juega de local. No sólo por haber nacido en este país, sino porque hace que toda su banda abra el grifo y desahogue toda esa furia demoledora que entregan en cada canción. Y que llevan construyendo de manera sólida desde mediados de los ochenta, y que con el paso de los discos y los años han mantenido a tope.

El concierto parte con canciones de Repentless, su último disco de 2015, a la par de una revisión de gran parte de su discografía. El show es una canción tras otra, sin respiro, y cada cual más descomunal que la anterior. La fanaticada insana presente se hace mierda la garganta, el cuello, salta y “baila” como muestra de agradecimiento y militancia absoluta con quienes arriba del escenario hacen que el Movistar se aproxime a ser la próxima puerta al infierno. Porque la devoción es total. El público que repletó el recinto estaba entregado desde que llegó, y la banda lo tenía claro desde el principio, y entregó lo mejor de sí. No fueron necesarios ni fuegos artificiales ni parafernalia. Bastó con las canciones a mil para que fuera una experiencia inolvidable.

No hay mucha interacción entre los integrantes sobre el escenario. Cada cual hace lo suyo en su lugar, y lo hace bien. Pasa el show y cada vez más crece la euforia ante semejante despliegue de furia y potencia. Hasta que llega el segmento final, el que esperábamos todos. Cuando vienen los clásicos, esos himnos de toda la vida y que nos han acompañado en todos esos momentos que quisimos gritarle al mundo que estábamos apestados de la mierda que vivimos día a día.

Seasons in the Abyss, Hell Awaits, South of Heaven, Raining Blood, Black Magic y Angel of Death son un verdadero pelotón de fusilamiento. Con pausa entremedio para reponer fuerzas y tomar un poco de aire, si lo anterior fue grandioso, el cierre fue digno de otro planeta. Los mosh y las bengalas son testigos de como la gente se vuelve mono ante tanto temazo junto y a volumen insano. Un gran concierto merecía un gran cierre, y lo tuvo con cuática. Quizás el volumen en la jornada fue más fuerte de lo normal, casi al borde de saturar, pero no podía ser de otra manera.

Slayer completó otra noche inolvidable en Santiago, y dió muestras que la energía está intacta a pesar de los años. El tiempo pasa, pero no hace daño en la entrega de las canciones. Esa rabia funciona como siempre lo hizo, e incluso con más fuerza. Si nadie se fue con el cuello intacto, no fue de exagerados, sino porque lo que vimos fue de otro planeta. ¡Salud y vida eterna al thrash!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s