[Review] Korn no estaba muerto, andaba de parranda

Así como algunos descubrieron el rock y el metal con Iron Maiden, Metallica o Black Sabbath, hay toda una generación que se volvió loca con el headbanging gracias a bandas como Korn o Pantera. Gracias a ellos ingresaron en las hordas de poleras negras y ritmos demoníacos. Y fueron ellos, en su mayoría, los que repletaron hasta los bordes anoche el Caupolicán.

Lo de Korn en vivo es potente, casi descomunal. Una masa sonora que surge desde el escenario y que se transfiere en olas hacia los asistentes que saltan y cantan sin parar. Y el Caupolicán es un lugar que ayuda a sentirlo en situaciones así. En 90 minutos la banda se pasea por todo su repertorio, sin privilegiar en demasía las canciones de su último disco, muy bueno por lo demás, y que es la excusa para andar girando y chasconeando around the world en estos meses. Insane y Rotting in Vain, las elegidas de The Serenity of Suffering, pasan como si nada entre los himnos más reconocibles de antaño como Blind, Somebody Someone o Shoots and Ladders, así que para cantar, hubo de todo para todos los chascones presentes.

La quinta visita de la banda a nuestro país tenía un condimento particular. Fieldy, su bajista de siempre, no participa del tour sudamericano. Y quien lo reemplaza es un energúmeno de metro y algo, chasca larguísima, y que con 12 años a cuestas responde al nombre de Tye Trujillo. Sí, el hijo del bajista de Metallica Rob Trujillo (que acompañaba desde atrás del escenario a su heredero) no tiene nada que envidiarle ni probarle a nadie. El pendex se acopla con la banda y maneja el bajo muy similar a su padre, dando a entender que más temprano que tarde será uno de los capos con las cuatro cuerdas.

No hay abuso de parafernalia ni fuegos artificiales. Con sólo un telón de apoyo, Korn se sustenta en la potencia de sus canciones y su interpretación, y en la militancia de sus seguidores, para construir un show hecho a la medida de quienes van a verlos. Se le hizo corta la presentación a muchos de los que fueron. Y siendo sinceros, igual menos de hora y media para un concierto de una banda que tiene material para mucho más, se siente algo mezquino. La fanaticada quería más. Siempre habrá quien alegue porque faltó tal o cual tema, pero para darle en el gusto a todos se necesitaría un show de como 4 horas, y no jodan, eso no pasará con ningún artista. O casi ninguno.

En resumen, Korn mostró que vuelve por sus fueros, sigue sacando discos que mantiene ese estilo catártico y martillante de antaño, y que al llevarlos al vivo siguen generando un espectáculo poderoso y demoledor, que deja a casi todos felices y con el cuello chueco o con espasmos de tanto chasconeo. Y salimos contentos de lo que vimos y escuchamos, ¡porque lo pasamos la raja!

Las mejores imágenes del espectacular show de Korn, las pueden ver en nuestra galería exclusiva, haciendo click acá en este link.

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