Historias de Vinyl: Todo niño sueña con ser rockero… o al menos debería

La historia de hoy se compone de tres historias distintas, o algo por el estilo, obviamente todo ligado a este álbum, que si me preguntan a mí, en caso de que no lo hayan escuchado, tienes que oírlo, y de paso meterte un poco en la historia que cuenta el disco.
La forma en que llegué a conocer a W.A.S.P. es bastante particular, lo hice a través del VH1 y su ranking de las 100 mejores canciones del Hard Rock, en donde “I Wanna Be Somebody” era la número 84. Obviamente hablamos de hace unos años, antes de que el VH1 se pusiera más como el MTV, antes de que cancelaran TMS. La cosa es que me gustó bastante la canción y me puse a escuchar la banda, y como todo en la vida es caro, me bajé un par de discos (ahora los tengo en vinilo, no me demanden, ustedes también lo han hecho, no se hagan los locos) y así fue como llegué al “The Crimson Idol”.

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Si usted es de los que no ha escuchado el quinto álbum de la banda de Blackie Lawless, entonces pare de leer en este momento, vaya a Youtube, búsquelo, y póngale play, lo espero, no se preocupe… ¿Listo? Entonces continuemos… Originalmente pensado para ser un disco solista de Lawlees, terminó siendo el quinto LP de W.A.S.P., porque así lo quiso el sello discográfico, y es una obra de arte (a mi gusto), una Ópera Metal que (Spoiler Alert: Ojo, las siguientes cinco o seis líneas son un adelanto de la trama del disco, léalas bajo su responsabilidad, ya le advertí) cuenta la vida de Jonathan Steel, desde cómo se ve apartado de su familia, hasta su auge y caída como ídolo musical, pasando por las aventuras y desventuras que implica el lado más oscuro de la industria musical, desde los sellos discográficos a los managers, y las amistades que aparecen cuando llega la fama, y las drogas que terminan llegando con las mismas, y como la soledad y el rechazo de su familia lo lleva a la muerte a una temprana edad.

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La forma en cómo llegué a tener este vinilo es bastante entretenida (en realidad no es entretenida, pero de alguna manera tengo que vender este párrafo). Básicamente me había resignado a tener que encargar este disco al extranjero (y por internet yo no acostumbro a comprar nada, literalmente nada), de hecho a comienzos de ese año, me había puesto como una de mis metas tener este disco (sí, unas de mis metas. Era a comienzos del 2015, no estaba tan ambicioso) entonces, un día en que había invitado a mi hermana a comer a uno de los locales de Juanito Cohete, le dije que me acompañara al Portal Lyon, entramos en la tienda y así como hueveando le pregunté al dueño si tenía algo de W.A.S.P. en vinilo y me dijo que sí y, al ver la lista, casi me fui de raja al leer “The Crimson Idol”. Vi el precio y abrí mi billetera y, con mi increíble suerte me faltaban dos lucas. No sacaba nada con pedirle a mi hermana porque estaba más corta que yo, y ahí fue cuando usamos el comodín telefónico y llamamos a mi cuñado, que se iba a juntar con nosotros, así que le dijimos que se apurara, y cuando llegó le pedí los $2.000 que me faltaban y me compré el álbum. Era como mi auto regalo de cumpleaños en el cumple de mi hermana. Maravilloso.

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Es de ese tamaño la importancia que tiene este álbum en mi vida, desde el relato que cuenta en su letra, a la reiteración que se va dando en sus canciones a ciertas secciones rítmicas, el disco es completito, tan así que vez que tengo la posibilidad de mencionarlo y hablar de él, lo hago (cof, cof, como aquí, cof). Así fue como hace unas semanas hablaba del disco con una alumna (porque efectivamente soy profesor, no es que el título de la primera columna fuese una metáfora. De hecho sirvió como ambos y el título es bueno “El Profe Rockero”, pero no se pueden llamar todas las columnas igual), y hacía referencia de cómo el Rock y el Metal, o la música en general, muchas veces cumplen el rol de entregarle a una persona ese espacio propio, ese espacio en dónde no necesitan ser entendidos ni escuchados, sino que simplemente se dejan llevar y disfrutar de ese momento, ese momento que dura la canción o el álbum mismo.

Así es como, creo yo, más de alguna de las personas que en este momento están leyendo estas palabras, alguna vez soñaron con ser rockeros, pararse frente a un escenario y deleitar a la audiencia con su talento… hasta que llega el momento en que se dan cuenta de que no tienen dedos pal piano, o pa’ la guitarra, el bajo o la batería, y que la voz tampoco los acompaña mucho. Pero es ahí en donde me pregunto: quién xuxa es uno para privar a alguien de su sueño, cuántos de nosotros no hemos hecho “Air Guitar” en un concierto o en un carrete con los amigos, quién no se ha creído Hammett o Mustaine o Iommi en su pieza al escuchar ese solo de guitarra que te vuela la cabeza, o quién no ha ido en el metro o en la micro y se ha jurado Lombardo, o quién no se las ha dado de Dickinson o Ronnie James cantando en la ducha o en la cocina. A veces esos son los mejores ratos que podemos tener en un día, cuando nos paramos frente a una audiencia inexistente y nos creemos “estrellas de rock”. Y, quién sabe, tal vez un día se atrevan a ir al karaoke y pedir esa canción de Rock o Metal que no pide nadie, y más allá de cantar como el hoyo, le ponen ganas, buena pronunciación y pasan la prueba (aquí yo ¡presente! eso ya es tema para otra columna).

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Hace un tiempo leía una investigación hecha por una universidad gringa o europea, de esas que siempre se han destacado por hacer estudios de todo, y hablaba del impacto que tenía la música Metal en los jóvenes, de cómo el Metal los ayudaba a integrarse en sus grupos afín, o de cómo quienes escuchaban Metal eran menos propensos a tener depresión, y de que a pesar de vestir de negro y tener cara de malos, eran más felices en lo que hacían y en su vida cotidiana. Esto sólo lo menciono de yapa, porque la real conclusión que le quiero a dar a esta columna es la siguiente: Nunca dejen de soñar, más allá de si cumplen o no ese sueño, más allá de si termina siendo un rockero exitoso o de si termina tocando en los cumpleaños de amigos o, como yo, que musicalmente hablando no toco ni el triángulo, pero aquí estoy, escribiendo estas palabras y tratando de evangelizar (referencia a Semana Santa) y reivindicar la percepción que algunas personas tienen del Metal, tratando de conocer y presentar nuevas bandas. Por eso creo que todo niño debería soñar con ser un Rockero, porque el Rock y el Metal te unen, no te rechazan, y al final del día te hacen feliz, y puta que nos hace falta ser felices.

PD: Hay una versión doble del álbum, que además de un cover de LZ, unos temas inéditos, unas versiones acústicas y otras en vivo de algunas canciones, incluye un relato de la trama y la historia que se cuenta en el disco. Muy recomendada también.
PD2: Este año se cumplen 25 años del lanzamiento del álbum, y Blackie Lawlees no sólo planea regrabar el disco, sino que también harán un gira mundial donde lo tocarán completo, llamada “Re-Idolized: The 25th Anniversary Of The Crimson Idol”. Si tenemos suerte, pasarán por Chilito.

By Basa

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