Layne Staley: El fin de una época

El primer disco de Alice in Chains parte con una canción llamada We Die Young. El aviso siempre estuvo ahí, desde el principio.

Layne Thomas Staley murió un 5 de abril de 2002, a los 35 años de edad. En cierta forma, fue el cierre de una época. Una que comenzó a fines de los ochenta en el noroeste de Estados Unidos, cuando en una zona más fría, sin el glamour de California o lo cosmopolita de Nueva York, muchos jóvenes de las zonas más olvidadas de la superpotencia de Occidente comenzaron a llevar su descontento, su sensación de hastío y abandono por la vida, la sociedad y sus familias, a canalizarlo en música. Siempre las sensaciones y sentimientos negativos dan origen a grandes procesos creativos a la hora de armar canciones. Acá, los marginados, sin darse cuenta quizás, daban origen a una manifestación común, que no sólo los identificaba a ellos, sino que después verían que en cierta forma, fueron la voz de una generación. Y desgraciadamente, como muchos quizás en su situación, no estaban preparados para una realidad así.

BLEED THE FREAK

La infancia de Staley estuvo marcada por el divorcio de sus padres, producto del consumo masivo de alcohol y drogas por parte de su padre. Vivir dentro de una familia acomodada no fue razón para escapar de todos estos fantasmas, que forjaron en él su personalidad, y que más tarde lo llevarían por el mismo camino. Ese niño inquieto y despierto se fue transformando en un tipo atormentado, que canalizaría en las artes todos sus demonios internos. Primero en la pintura, después escribiendo, hasta llegar a la música, como finalmente lo conocimos.

En 1986 ya empieza a formar lo que sería su banda madre, y un año después se junta con Jerry Cantrell, dando forma a lo que hoy conocemos por Alice In Chains, y que junto a Soundgarden, Nirvana y Pearl Jam, serían finalmente las cuatro cabezas de lo que sería el grunge. A diferencia del resto de las bandas de Seattle y sus alrededores, que estaban más influenciados por el punk, el rock y la música alternativa, lo de Alice In Chains se acercó más a las distorsiones, con un sonido mucho más cercano a Black Sabbath, con tintes más oscuros y depresivos, y que combinados con las singulares armonías vocales que lograba Staley fueron ideales para canalizar las letras y traumas que traia en su cabeza, y que se hicieron canciones que fueron su descarnado desahogo.

Tres discos, dos EP’s, un disco unplugged para MTV y un álbum en vivo fueron lo que dejó en vida Layne Staley junto a Alice in Chains. Un manifiesto de rock que, con el pasar de los años, hemos visto como pasó de un lugar un poco más secundario al lado de los grandes nombres del grunge, a un lugar de más valor e influencia dentro del mundo de la música con el paso de los años.

LOVE HATE LOVE

Aunque Layne Staley fue encontrado muerto el 19 de abril, se determinó que ya llevaba 14 días muerto. Cuando se le encontró, estaba sentado en su sofá frente a un televisor prendido, junto a restos de cocaína y heroína, que fueron las que mediante una sobredosis por una combinación de éstas le causaron la muerte. Murió solo, un 5 de abril de 2002, casualmente, el mismo día que Kurt Cobain murió en 1994. Estaba solo, al igual como fue su vida y su historia. Una lucha permanente contra la adicción. Las mismas drogas que le hicieron crear canciones que nunca morirán, que trascenderán en el tiempo y no dejamos de admirar, fueron finalmente quienes lo derrotaron y le hicieron dejar este mundo. En 1996 Layne le decía a la revista Rolling Stone “Las drogas funcionaron por años y ahora se han vuelto en contra mía. Ahora camino en el infierno. Tengo miedo a la muerte, especialmente a la que sea provocada por mi propia mano”. No obstante, su vida de excesos es considerada como un suicidio con una larga agonía. Staley lo sabía, pero hasta 1996 no lo había reconocido. Fue el año en que grabó su último disco en vivo, el MTV Unplugged.

Mucho se ha hablado de Staley y su particular voz y registro. Frontmans como Vedder, Cornell o el mismo Cobain, son generalmente los íconos más referentes de esa época. Pero su manejo vocal, sus armonías, sus textura a la hora de cantar, creo que son un registro inigualable dentro de las voces más características del grunge, y que con el tiempo hemos valorado en su real medida. Hemos descubierto que, musicalmente hablando, la de Layne Staley sea realmente la voz del grunge. Ese es un tema de gusto de cada uno, la verdad, y jamás llegaremos a un consenso, y no se si sea necesario llegar a conseguirlo. Mientras el desgarro lascerante de Cobain al final de “Where did you sleep last night” en el Unplugged para MTV nos estremecerá hasta las lágrimas hasta el fin de nuestros días, la voz de Staley creo que es una mezcla perfecta de angustia, dolor e ira, que transmitía quizás aun más que sus colegas el sentimiento de dolor genuino. Su capacidad para transmitir calma dentro de la melancolía galopante de “Nutshell”, una canción hermosa y desgarradora a la vez. O el brutamente sincero manifiesto de perdición en las drogas de “Angry Chair”, donde nos trata de advertir adonde podemos ir al llegar a ellas. Y sin lugar a dudas, en su canción más grande que es “Hate to Feel”, donde hasta con cierta ironía nos hace la advertencia de lo que vendrá:

Stare at me with empty eyes and point your words at me. Mirror on the wall will show you what you’re scared to see.”

(“Mírame con los ojos vacíos y dirige tus palabras a mí. Un espejo en la pared te mostrará lo que tienes miedo de ver”)

WOULD?

Layne Staley desarrolló principalmene su carrera junto con Alice In Chains, pero también se dió el tiempo de participar con, quizás, el ícono más grande del mundo grunge: Mad Season. Junto con Mike McCready (guitarrista de Pearl Jam), Barrett Martin (baterista de Screaming Trees), y John Baker Saunders (bajista de The Walkabouts), dejaron un poco la evolución del sonido grunge, y juntos fueron aún más hacia sus raíces, más allá del sonido zeppeliano, llegando hasta el crudo y maldito blues.

No se recargaron de distorsión, sino que involucionaron lo de sus bandas de origen, creando el que a la larga, en una opinión muy personal, es la obra manifiesto fundamental del estilo surgido en los 90, y que tenía a Seattle como cuna. La gracia, fue hacerlo varios años después de su inicio a fines de los 80. Una especie de regresión musical, buscando purificar un origen algo difuso, y con hartos padres y madres dando vueltas por ahí.

Wake up, Artificial red y Long Gone Day son canciones en códigos de blues por donde se le miren. I’m above y November Hotel son zeppelianas a morir. X-Ray Mind, Lifeless Dead y I Don’t Know Anything son la conexión con el sonido grunge. En resumen, un disco que plantea los pilares y los muros de todo el sonido que nos revolvió la chasca a muchos en esos locos 90, cuando volvimos a creer que el rock no era solo pose, sino que se hacía cargo de su herencia. Un álbum que está hecho con canciones que quizás no tenía cabida dentro de sus bandas principales, pero que ayudó a construir el eslabón perdido de esa avalancha surgida en Seattle.

Creo que Staley junto con Mad Season logró su cúspide como músico. No porque lo que hizo con Alice in Chains no haya sido importante, porque lo fué, sino porque como nunca, se liberó por completo musicalmente hablando, y llegó a los límites que sólo el podía llegar. Con sólo un disco lograron dar forma a un legado potente y trascendente, y quizás así lo entendió Layne Staley, creando como quien está escribiendo su testamento final.

RAIN WHEN I DIE

15 años se cumplen ya desde que Layne Staley pasó de ser un músico a ser una leyenda. Dicen que la muerte es real cuando pasa a ser olvido, y el legado de Staley nunca morirá. Su última actuación pública fue en Kansas City en 1996 junto a Alice in Chains, en una gira como número soporte de Kiss, y tras la cual sufrió una sobredosis, a pesar de viajar con un guardaespaldas cuya función era mantenerle alejado de las drogas. Como mejor se recuerda a los músicos cuando han partido, es escuchando sus canciones, así que acá les dejamos el registro de ese último concierto, para mantener al tope los sonidos del dolor que hicieron de Layne Staley una de las voces fundamentales de una generación.

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