Lollapalooza Chile 2017: Review del festival de los contrastes

Ayer concluyó la séptima versión chilena del festival Lollapalooza, y nos deja hartas cosas para contar. La experiencia de este festival gringo en tierras chilenas se consolida como uno de los eventos más importantes de la cartelera musical en Chile, y vuelve a congregar cerca de 80 mil personas por día, de todas las edades y estilos posibles. Porque ese es el gran sello de Lollapalooza, su invitación a la diversidad y la familia en torno a la música. Quien no haya ido alguna vez en estos siete años, le recomendamos que al menos, alguna vez se de la oportunidad de vivir la experiencia, porque es diferente al resto de los eventos musicales que tenemos en Chile. Ver a quinceañeras con cintillos de flores escuchando a Rancid, a niños menores de 10 años con sus padres disfrutando desde Kidzapalooza hasta The Strokes, o una pareja de punkies bailando y pasándolo a toda raja con Bomba Estéreo, no se ven por todos lados. La imagen de una joven que rozaba los 20, con arito de perla y tenida de niña bien, entonando las canciones nuevas de Metallica, sin poder contener su felicidad cuando comienzan a sonar los acordes de un clásico como Fight Fire with Fire, levantando su mano con el gesto de los cuernos al aire y cantándola como quien logra la mayor emoción de su vida, es quizás el ejemplo más patente de ello. Quienes han ido, les guste o no tanta fauna diversa de público o artistas, sabe bien de que hablo. Porque eso es Lollapalooza.

SÁBADO

El clima estuvo un poco más amable, así que estaba para darse vueltas por todo el parque sin estar todo jugoseado. Como lo nuestro es el rock, lamentablemente no fuimos a la fiesta monumental que tenía Diplo en el Movistar, por contarles como fue la pasada de Metallica por Lollapalooza. Esto es un apostolado, carajo. Y las bandas chilenas fueron protagonistas en ese día, por eso partimos por ellas.

Rey Puesto y Weichafe le pusieron ganas y sonidos distorsionados al parque desde temprano. A Rey Puesto se los habíamos recomendado de antes, y ellos no nos dejaron mal, porque la hicieron rebien y se entregaron a su público, más todos quienes llegaron al Lotus Stage a disfrutar de su show lleno de pasión y garra. Los cabros de Weichafe se la jugaron en su debut en el festival y le pusieron de todo y con todo, aprovechando que había gente que no necesariamente es su público de siempre, entregando su potencia y sus mensajes respecto a la sociedad en que vivimos, por lo que quienes no están acostumbrados al rock con opinión, más de alguna mueca o cara de sorpresa sacaron a relucir, sobretodo con los llamados a legalizar el aborto y el apoyo a la causa mapuche. Sólidos y concientes, como siempre.

Dr. Vena también dejó despeinados a muchos y aprovechó de gran manera la posibilidad de que más gente pudiera verlos y escucharlos en vivo. Se los dijimos de antes, así que sin llorar si se los perdieron.

Una de las cosas que nos llamó la atención durante el fin de semana fueron los problemas con el sonido. No fue en todos los shows, pero cuando ocurrieron, fueron notorios. Ok, son muchas bandas y todo contra el tiempo, pero a veces hacen que uno se distraiga o que se “mosquee” la banda que los sufre. Algo de eso hubo con el show de Lucybell, donde parte del público reclamó por el volumen y sonido de algunos instrumentos, lo que de alguna forma empañó un show que pudo quedar como de los mejores del festival.

Los que sí la pasaron la raja y dejaron a todos chasconeados fueron los no tan cabros de Crisálida. Le pusieron todas las ganas del mundo, y el respetable se fue contento y marcando ocupado con un show de aquellos. Se pasearon por su repertorio además de mostrar a quienes no los conocían las canciones de su último disco, y salieron contentos como niños con juguete nuevo del escenario.

De los extranjeros, hay tres que se robaron la atención y los aplausos. Los gringos de Silversun Pickups, con una presentación corta pero contundente, debutaban en Chile y dejaron muy buena impresión con sus sonidos distorsionados y la simpatía y carisma que transmiten desde el escenario. A esperarlos que vengan de nuevo, para que podamos verlos por más rato y chasconearnos las orejas y la cabeza.

Los que se pasaron a lo Caszely fueron los veteranos de Rancid. Quizás el número más extremo de la jornada, nos dejaron pa’ dentro con un pedazo de concierto. Jugaron, tocaron y lo pasaron la raja, e hicieron que todos los que atinamos y fuimos a verlos, lo pasaramos igual de bien. Pogos, risas, energía y diversión a destajo, como si estuvieramos a unos metros más allá arriba de los juegos de Fantasilandia. No faltaba conocer sus canciones, porque fue un show sólido y extraordinario. Sí, estamos de acuerdo con ellos, y creemos que fue mucho tiempo esperarlos por 25 años para verlos tocar acá en Chile. Pero estoy seguro que después de como lo pasaron el sábado en Lollapalooza, van a volver más luego de lo que esperamos.

El cierre de la jornada era para el cabeza de cartel con más galones en todo el lineup. Metallica se paseó por su repertorio más clásico, mezclándolo con las canciones de su disco nuevo que sacaron hace unos meses, y pasaron como nada. Algunos problemas con el sonido nos dejaron por unos segundos sin escuchar a Hetfield y acordándonos del fiasco de los Grammys; y el doble bombo de One no lo escuchó ni Lars, pero nada pudo empañar un show que dejó a la manga de insanos con polera negra y sin cintillo de flores en estado de shock. Sonaron fuertes y potentes, y congregaron en un minuto a casi 80 mil personas, justificando con creces su lugar como nombre más importante del festival. Ellos mismos señalaron lo agradecidos de estar en Lolla, para que gente que no está acostumbrada a escucharlos, de todas las generaciones presentes, se diera el tiempo de vivir el heavy metal y disfrutarlo, pudiera pasarlo bien con Metallica, lo que hizo que fuera uno de los puntos altos del festival. Pirotecnia desatada en el cierre con Enter Sandman, y era el momento para irse a la casa y descansar para llegar al otro día con ganas para lo que se venía. Chelas mediante, lo más seguro fue el relajo…

DOMINGO

El calor volvió al Parque O’Higgins, pero igual no más llegamos con ganas y las pilas recargadas, había que seguir repasando todo lo que pasaba para poder contárselo a nuestro fiel público “BLASTER”.

Desde temprano sonaron las guitarras de We Are The Grand, que mostró a todos los asistentes por qué son uno de los shows fuertes y consolidados de nuestro país. Sólidos y sonando bien, se ganaron al público al igual que todas las veces anteriores que estuvieron en el festival.

Ya más tardecito, fue el turno de las guitarras. Temple Agents no tuvo piedad con quienes los fueron a ver, y se despachó un setlist demoledor. Estos chilenos dejaron la bandera nacional al tope, y de pasada nos dejaron con el ego por la nubes, porque se los habíamos recomendado, y nos dejaron vueltos locos, con tanta potencia y entrega. Se pasaron estos rockers.

No son tan rockeros que digamos, pero no se puede dejar pasar el gran show que mostraron los británicos Duran Duran. Un ejemplo de oficio, vocación y entrega, ante un multitudinario público cuando empezaba a caer la tarde. Hits y canciones nuevas, matizadas con un homenaje a David Bowie mientras tocaban Planet Earth, le pusieron el toque emotivo a la jornada.

Ya empezando a anochecer, aprovechamos que el pop y la electrónica se apoderaban del parque para descansar y comer algo. ¡No somos robots ni de fierro! Además, queríamos ver que tal sería el número que cerraba la jornada en Lollapalooza, los hijos de Nueva York que responden al nombre de The Strokes.

Para que andar con cosas, les teníamos ganas y fe. Pero, de partida, se demoraron harto rato en salir, cosa rara en un festival que es estricto con los horarios y es su sello. 20 minutos y la gente ya se empezaba a impacientar. Hasta que salieron a escena. Pero, ahí seguimos con los problemas. Tocaron una canción y media, y el micrófono de Julián Casablancas, el vocalista, no sonaba ni por si acaso. Le pasaron otro, volvieron a partir desde cero, pero el sonido de micrófonos y la banda dejaba harto que desear. Para una banda que no basa su conexión con el público en la empatía, sino en su música, la verdad que a nosotros nos funó todas las ganas. Y donde estábamos, como que tampoco prendió tanto. La fanaticada fiel lo vivió a toda nalga, pero muchos nos “mosqueamos” y costó que prendiera la cosa. Incluso, algunos se sentaron, o empezaron a emprender la retirada. Pasaron las canciones, pero era como si nada. Una lata, la verdad. Terminó el setlist principal, y nos fuimos sin esperar las vueltas al escenario. Vimos los fuegos de artificio a la distancia, ya rumbo a casa. No faltará quién no esté de acuerdo, y está en su derecho, pero hasta en algún momento nos cuestionamos si eran los Strokes el número para cerrar Lollapalooza. Pero filo, ya fue y el sabor de dos días con hartas cosas buenas e interesantes que ver y oir, al final quedó medio desabrido por un show que dejó harto que desear.

Raya para la suma, fue un buen fin de semana viviendo la experiencia Lollapalooza. Lo más rescatable, los momentos bizarros que vivimos. Como cuando dos chascones se empujaban y dedicaban toda clase de garabatos por quién sabe quién empujó primero al otro mientras tocaba Metallica, y cuando la cosa se ponía ruda, un par de niñas de cintillo floreado se acercó a ellos, y bajo el slogan de “paren de pelear, que todos venimos acá en paz y a disfrutar juntos, no peleen, ámense y pónganse en la buena”, los miraron e instaron a separarse, mientras todos mirábamos desencajados y poco acostumbrados a los buenos tratos, sin saber si reir o pensar en adoptar tan singular práctica de recitales.

Pero el mejor de todos, fue cuando alguien empezó a protestar cuando el público que veía a Strokes más adelante, todo jugoseado y sudoroso empezó a salir hacia atrás. Y cerró sus reclamos con un pensamiento de aquellos. “Deberían repartir sachets con perfume, para cuando pasen estos tipos todos hediondos y transpirados”.

Eso señores, es Lollapalooza. Puede que les guste o no, compartirlo, odiarlo, quererlo o despreciarlo, pero no por eso, dejará de ser uno de los eventos musicales más importantes en nuestro país, año tras año. Eso sí, esperamos los puntos de “buen olor” para el próximo Lolla. Igual nos ducharemos antes de ir, pero una repasadita durante una jornada larga, no está de mas. ¡Ojo ahí la producción!

Revisen las mejores imágenes de los dos días de Lollapalooza Chile, en nuestra galería pinchando acá en el link. ¡Y comenten las fotos también!

1 Comentario en Lollapalooza Chile 2017: Review del festival de los contrastes

  1. Pichuleidy // 03/04/2017 en 22:13 //

    Debe ser una wea buena ir a Lollapalooza, pero soy un viejo ql. No me podría la raja para verlo dos dias y por lo que cuentas en la historia, ir un día sería cagarla con cuatica.

    Le gusta a 1 persona

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