¡Vamos al teatro! toca PRIMUS

Fui a ver Primus al Municipal de Santiago. Solo. Nadie apañó. Pero, si desde que Santiago se llama así, el público nacional más putifruncis va a ver ópera y ballet… cómo sonará el bajo de Les Claypool ahí, pensé.
Tuve la ubicación más mala del lugar. Tan mala, que la que me acomodó ni siquiera me miró para la propina. Se lo dije, “tengo el peor asiento de la noche”. Arriba, a la chucha y justo pegado a una muralla enana. Y en diagonal, ni siquiera recto, estoy sentado como en un mini baño químico. Pero se ve la raja de todos lados.

Al ver varias camisetas entendí que todos los que vinimos a Primus, nos gusta Faith No More. El que se sentó al lado mío no aguantó la curiosidad del atípico escenario y se puso a tocar unas piedras incrustadas en las murallas blancas del teatro.

– ¿Se podrá sacar una pa´ llevar de regalo pa´ la casa?, tiró la talla.

– Sáquese una pa´mi también, le digo.

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20.30 horas. Era tan bonito el teatro, que uno terminaba mirando como turista chino. Por primera vez en Sudamérica, toda la gente sentada en las distintos sitios dispuestos. En el balcón, un piso más abajo, había una muchacha de negro y lentes que aprovechaba de leer antes que comenzara la tocata, mientras otro volvió del baño y nos dijo a todos:

-“La cagó cómo es la weá del baño. Dan ganas de quedarse ahí a vivir”.

Había una sola y triste bandera de Primus colgada en el quinto piso al fondo, justo donde estaba yo…Y los de seguridad la terminaron sacando. Todo tenía que estar perfecto. 10 minutos antes de las 21.00, hora convenida pal´ inicio del recital, tocaron una campana.

Como sonaba, en mi época,  para entrar a clases después del recreo. Pero esta vez era para ver Primus. Se apagaron las mil ampolletas del candelabro central del Municipal y la gente gritaba. ¡Se viene!

Mientras salían los 3 integrantes de la banda, en la oscuridad noté que la parte superior del traste del bajo de Claypool tenía unas luces verdes que brillaban. Imaginé que era para no perderse. Claro, la propia exigencia sería grande.

Abrieron con Those damned blue-collar tweekers, pero el rockero estaba fuera de su hábitat natural y salvo uno que otro enajenado, todos permanecimos en nuestros asientos. Claypool reclamaría por esto más tarde.

Siguieron con Too many puppies y ahí me quedó claro que los Primus son brutales.

Virtuosos. Crudos. Oscuros. Potentes. Ácidos y críticos.

Primus tiene una increíble sonoridad original. Igual no es para todos los gustos.

El guardia parecía no entender cómo el público podía estar tan idiotizado, como yo, con estos músicos. Cinco canciones más y nos fuimos al interludio. Como en la ópera.

Para entretener a la masa eligieron pasar Popeye en una pantalla gigante al centro del escenario. Sacó hasta aplausos. ¡Puta los monos buenos! Pero ya el cuarto capítulo se llevó algunas pifias. “El monstruo del Municipal”. Los encargados también lo entendieron y Primus volvió a tocar.

Alguien se puso a contar que tenía calor, justo durante el solo de batería de Herb (creo que era el guardia). ¿Qué me importa que tengai calor? ¡Deja escuchar!

Con este arreglo empezó Eleven, la primera canción de la segunda patita del concierto. El bajo fue un combo en el hocico y Lalonde tenía una guitarra tan sucia, como certera. Sonaban tan la zorra, que alguien del público, desde el balcón, gritó aprovechando un silencio:

– ¡Están ensayando!

Primus tiene eso, le saca sonidos a los instrumentos que uno no sabe que se pueden.

Pero los rockeros estábamos fuera de nuestro ambiente y llevábamos más de una hora sentados. Hasta que el mismo Les Claypool nos invitó a pararnos.

– “Tengo curiosidad, ¿Cómo pueden haber escuchado la última canción y no haberse puesto de pie?”, preguntó.

Estaba permitido. Ahora sí. El resto del recital lo vimos de pie, 9 canciones más. Jerry was a race car driver y el resto, un poco más lado B. No vinieron a tocar hits, estaba claro.

¿Que si prendió el concierto? Sí y no. Creo que todos nos fuimos con gusto a poco, faltaron varias. Una hora fácilmente.

Satisfacción, eso sí, de haber disfrutado de una banda que pese a tocar por 30 años está absolutamente INTACTA.

Antes de salir, le pregunté a la misma niña que me acomodó si le gustó el concierto o mucho ruido:

-No, si igual son buenos.

 

by Pato Nunes

 

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