Sepultura – Machine Messiah

Y vuelve el perro arrepentido. Pero no con la cola entre las piernas, sino con la frente en alto. Sepultura regresa, y con ganas de volar cabezas. Pero a no engañarse. No es la banda de los hermanos Cavalera, hace hartas chelas atrás. Andreas Kisser es el único de los miembros originales que queda en la banda, y obvio, las canciones van por donde va su micro, hace un buen rato. Y este disco es rebueno, pero anda por un lado que no tiene mucho que ver con lo que esperan los fanáticos más tradicionales.

“Machine Messiah” se llama el álbum que nos entregan este 2017. Y suenan muy “modernos”, si se quiere poner un nombre. La chasca se menea altiro, y el álbum tiene de todo para gustar. Pero basta escuchar los teclados en Phanton Self para darse cuenta que la banda propone algo bien diferente a su sonido clásico. Poniéndolo en chileno, la empanada no solo funciona haciendo el pino con la receta de la abuela. Hay mil formas de hacerlas, y algunas quizás bien diferentes a la receta original, pero al masticarlas podemos ver que pueden ser igual de ingeribles y devorables que la típica y caldúa.

Hay varios temas cortos, onda 3 minutos, que son los que despedazan orejas a mansalva, y van por el lado del tarro más tradicional. Ahí es donde I Am The Enemy o Silent Violence la rompen. Pero en los 11 tracks del disco predominan los temas más largos y elaborados, onda 5-6 minutos, que le dan hartas vueltas más en vez de noquear de entrada. A pesar de eso, no es un disco latero ni por si acaso. Suena poderoso de principio a fin, y tiene armonías y riffs para todos los paladares metaleros. Iceberg Dances es un temazo digno de cualquier disco clásico de la banda. Entre Sworn Oath y Resistant Parasites tienen 10 minutos para darse como condenados, porque no paran, y te dan con todo.

Machine Messiah es un disco que trata que no dar respiro, que varía tiempos, intensidades y armonías, pero que busca dejarte marcando ocupado. Y sí, lo logra. Quizás en 45 años más estarán hablando de un clásico del metal, o quizás no. Tal vez sólo sea un buen disco. Eso es pega de los que vengan en el futuro, porque mientras tanto, no hay motivos para dejar de escucharlo al menos una vez, para dar un veredicto.

Ideal para escuchar a todo volumen, con el uniforme negro recién salido de la lavadora. No apto para cardíacos ni para hacer yoga, sino que para sacar toda esa energía furiosa que llevan dentro los que disfrutan del buen metal. Finalmente, un muy buen disco. Juegue, con confianza.

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