Kreator – Gods of Violence

La cosa es bien simple. Si le pones play al disco y te pilla desprevenido o lavando los platos, ni te vas a dar cuenta como dejas de hacer lo que sea que estes haciendo, miras como se llama la canción que está sonando, y comienzas a menear la chasca sin concursos ni sorteos. Así de brutal y directo. Heavy metal clásico, tarro como mandan los libros. Sin pausa, sin concesiones ni esperando por nada.

Kreator suena como si fueran una manga de quinceañeros, con una energía que se contagia y se agradece. Si un teenager escucha por primera vez un disco de thrash metal que no sea uno de los clásicos de hace 30 años, acá tiene un gran álbum para empezar a encantarse con los sonidos del infierno. Porque a diferencia de los próceres gringos, estos chascones alemanes siguen explotando los sonidos más clásicos del thrash metal sin tanta experimentación o buscando cosas nuevas, y partiendo de una premisa así de simple, pueden generar sonidos potentes, que enganchan a mil, y no suenan ni repetitivos ni fomes. Parece simple, pero la hicieron y bacán.

Durante los 11 tracks y 50 minutos que dura el disco, nos dan como caja en la cabeza y las orejas. Parten con Apocalypticon, una marcha orquestada donde de a poco empiezan a aparecer las guitarras y los tarros, para dar el primer golpe con World War Now. Es como si nos subieramos a un caballo en medio de una batalla, y galopando entre los soldados, agarramos la espada y salimos de frente en el contrataque, comandando a la manga de insanos que nos acompañan a salir a triunfar, avasallando lo que venga. Es un martilleo y un galope constante y furibundo, y va directo a ganar la batalla. Porque no baja nunca de intensidad, sigue con el pedal del bombo a mil, dejándote listo para mandar a Goliath a usar pijama de madera.

Si tiene ganas de patear la perra, sacudirse la rabia o simplemente botar más energía que en la clase de spinning, acá hay una gran y rocker alternativa. Entre guitarras y baterías furibundas, además de los sonidos guturales del vocalista Mille Petrozza, hay energía para regalar por toneladas. Y la música corre por la sangre y se apodera del cuerpo, sin remedio. Es sonido de la escuela clásica thrasher, y bien hecho. Este disco ya se carga galones para lo mejor del año, y eso que estamos sólo empezando el 2017, superando con creces la alta vara que habían dejado con sus últimas producciones colegas de chasconeo como Slayer o Megadeth.

Imperdibles son Lion With Eagle Wings, Side By Side, las épicas Gods Of Violence y Satan Is Real, la brutal Totalitarian Terror, y el gran cierre del disco, con Death Become My Light. Recomendado para escuchar al máximo volumen posible, y si va atrasado a algún lado, no lo dude y póngalo de inmediato, que llegará antes que todo el resto adonde vaya. Pedazo de disco, thrash del mejor, una pateadura de traseros nivel ComboBreaker. Infaltable en cualquier playlist de ciudadanos de polera negra around the world.

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